| 15 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez, Calviño y Díaz en un pleno del Congreso.
Sánchez, Calviño y Díaz en un pleno del Congreso.

Sánchez se complica los PGE, deja en el alambre a Yolanda y alarma a Bruselas

Los compromisos de Sánchez en IFEMA para reforzar el Ejército dinamitan las negociaciones entre la ministra de Hacienda y Podemos para las próximas cuentas públicas. Que están bajo la lupa.

| Javier Ruiz de Vergara España

 

El nuevo Pedro Sánchez renacido tras la Cumbre de la OTAN, un firme defensor del gasto militar y del rearme de nuestras Fuerzas Armadas, le va a provocar serios disgustos a su otro yo, aquel Pedro Sánchez progresista que se dio a conocer al gran público defendiendo la supresión del Ministerio de Defensa. Y la primera muestra de ese choque de intereses la tuvo este mismo jueves cuando sus socios en el Gobierno adelantaron su negativa a secundar su nueva estrategia militarista.

 

Esta nueva grieta no sería más que otra muesca del avispero permanente y las emboscadas entre PSOE y Unidas Podemos, sino fuera porque hace ya semanas que el propio Sánchez y Yolanda Díaz comenzaron a engrasar un proyecto clave para las intenciones del presidente de agotar la legislatura. A ello se volvió comprometer hace 24 horas en su entrevista televisiva con Antonio García Ferreras.

Lo cierto es que hace tiempo ya que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero y el hombre de Unidas Podemos para los números, Nacho Álvarez, se han intercambiado papeles para el proyecto de cuentas públicas para 2023 que Montero debería llevar al Consejo de Ministros a la vuelta del verano. Con acercamientos palpables en dos grandes ejes: nuevos impuestos (entre ellos a las energéticas) y nuevo manguerazo público a través de los “cheques” que reivindican Díaz y Belarra.

 

Sánchez tiene que pasar de las musas al teatro: de sus compromisos con la OTAN a sus pactos con Podemos.

 

Sin embargo, el órdago de Sánchez con su reconcialiación con Joe Biden y el clamoroso silencio de la vicepresidenta segunda en estos últimos días, le complican al presidente la aprobación de unos PGE que serían su salvoconducto para seguir cómodamente instalado en Moncloa hasta diciembre de 2023.

Porque este giro radical de Sánchez le pone las cosas muy difíciles a Podemos y más aún a meses de las elecciones autonómicas y municipales. Basta seguir a Pablo Iglesias estos últimos días para comprobar el hartazgo de los morados con el líder del PSOE.

En ese gran agujero negro que es la coalición progresista hay quien cree que Sánchez lo que realmente busca estos días es enseñarle la puerta de salida del Gobierno a Ione Belarra e Irene Montero. E interpelar entonces a la colaboración del PP para seguir en solitario apelando al duro invierno que se avecina.

 

En ello insistió enfáticamente también ante Ferreras. Los barones sueñan con esta hipótesis porque el portazo de Podemos permitiría a Sánchez adelgazar su gabinete y revolucionarlo esta vez si con pesos pesados para que los candidatos socialistas a las autonómicas y municipales acudan con ciertas garantías de no ir a otra hecatombe segura como en Andalucía.

El ensayo general de lo que puede suceder con los decisivos Presupuestos Generales de la guerra estará en el inminente Debate de la Nación. Sánchez subirá a la tribuna con su enésimo disfraz tras reinventarse. Pero Podemos no podrá seguir mareando la perdiz. Sus bases están esperando escuchar a Pablo Echenique para escoger la papeleta del próximo mayo.