| 18 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso

La hoja de ruta de Pablo Casado en el PP de Madrid: ni guerras ni urgencias

La tensión en el PP madrileño sube pero nadie quiere guerras internas ni en Génova ni en Sol e intentarán culminar el proceso, sin prisas, con una foto de unidad.

| Javier Rodríguez España

Casado y Ayuso son amigos, muy amigos. Aunque la crónica política se llene ahora de referencias a una supuesta reedición de aquel pulso entre Aguirre y Rajoy que llenó páginas y páginas, el cemento personal que les une es bien distinto y el respeto y afecto mutuos son duraderos. Sus agendas les impiden desayunar todas las semanas, como hacían hasta hace bien poco, pero la frase con que Ayuso definió su relación con Casado el pasado mes de enero, en Vanity Fair, sigue vigente:

"Fue una de las primeras personas que conocí y desde entonces ha sido como un hermano, uno de mis mejores amigos y alguien a quien quiero muchísimo. Vivíamos la política con la misma intensidad. Éramos capaces de no dormir una noche con tal de presentar una campaña, de viajar por todas partes, involucrarnos en todas las peleas", dijo entonces.

Y sin embargo, el fantasma de un pulso por el control del PP de Madrid vuelve a planear en un partido que, por lo demás, es una balsa de aceite con los pronósticos electorales a favor; Pedro Sánchez en caída libre y dos posibles citas con las urnas, antes de las Generales, que ahondarían en la caída del PSOE: Andalucía y Castilla y León pueden ser los dos penúltimos clavos en el ataúd político del sanchismo si se cumplen los presagios demoscópicos.

Sánchez y sus apoyos quieren alimentar su única baza en Madrid: azuzar una guerra entre Casado y Ayuso que ni existe ni existirá

La realidad es que esa supuesta batalla está más en el lenguaje de los rivales del PP, y en sus apoyos mediáticos, que en la agenda popular, si bien los equipos de Sol y Génova mantienen la tensión de manera evidente: con un PSOE desgastado, un Podemos desaparecido y un Más Madrid en su techo y sin visos de consolidarse como alternativa; los contrincantes de los populares han descubierto que su mejor baza es azuzar un fuego entre Ayuso y Casado que o no existe o no se va a propagar.

"Ni hay guerra en Madrid ni la habrá". Así de tajantes se muestran a ESdiario fuentes populares, descartando por completo que el PP vaya a regalarle al PSOE la imagen de una disputa pública entre Ayuso y Almeida, el hombre supuestamente elegido por Casado para echar ese pulso. "Eso no pasará", recalcan.

 

Las diferencias, ante todo, son de tiempos: Ayuso sí ha lanzado su candidatura a presidir el PP madrileño, alegando que en otras Comunidades sus barones ostentan la doble presidencia orgánica e institucional que en Madrid, salvo con Aguirre, siempre estuvo separada, con Luis Eduardo Cortés o Pío García Escudero en la sala de máquinas y Alberto Ruiz Gallardón en la Puerta del Sol.

Y nadie confirma ni rechaza que eso pueda pasar y que la baronesa que junto al andaluz Moreno y el gallego Feijoó mejor potencia la marca popular por toda España acabe llevando la doble rienda. Pero en su momento. "Ahora no toca", resumen.

"Ahora no toca"

Y no toca porque, a su juicio, el partido debe estar centrado en la acción de oposición a Sánchez en un curso político decisivo donde se van a dirimir asuntos clave para la estructura del Estado: desde la independencia del Poder Judicial hasta la gestión del maná europeo, pasando por la incierta relación con Cataluña, donde empieza a imponerse la idea de que el líder socialista ha "engañado" a los independentistas y que éstos se la devolverán con creces en cuanto puedan si no "traga" con un botín de cierta enjundia que ERC necesita para sobrevivir a la presión de la calle y de Puigdemont.

 

Por eso el calendario que maneja Génova desecha tanto la guerra como las precipitaciones y fija a finales del primer semestre de 2022, o principios del segundo, la fecha para celebrar un Congreso Regional del PP en Madrid que culminará, "sí o sí", con una foto de unidad sin fisuras. 

La única incógnita y no menor es si Ayuso aceptará esos tiempos o no, aunque se confía en que al final lo entienda sin mayores problemas. Su ascendencia entre los madrileños es inmensa, con el pletórico resultado del 4M como emblema de ellos.

Pero también es consciente de que, en un Congreso, votan solo los militantes. Y que ahí Casado, el que ganó a Soraya, a Cospedal y al propio Rajoy en la sombra, tiene más ascendencia que nadie. "Pero guerra, nunca. Ahora no es el momento, pero nada más", concluyen.

Los tiempos de Ayuso

No obstante, la propia presidenta madrileña ha puesto sordina a demorar los plazos y en una entrevista este lunes en Esradio, con Federico Jiménez Losantos, se ha decantado por anticipar el Congreso madrileño. "Pronto", ha dicho en concreto sin fijar una fecha precisa, reconociendo que las cuestiones internas de los partidos son siempre "complejas" y que, antes de solucionarse, son "un poco difíciles".

"Tengo mucha esperanza en que podamos trasladar la ilusión del 4 de mayo a todos los ayuntamientos de la Comunidad. Hay que tener en cuenta que nuestros candidatos lo son de municipios de 200.000 habitantes", ha manifestado la presidenta sobre su candidatura. Para Ayuso, esos candidatos "necesitan su tiempo para asentarse".

En esa dirección, y por razones bien distintas, el eco nacional ha alcanzado a dirigentes tan dispares como Esperanza Aguirre, claramente a favor de que termine la bicefalia y Ayuso ostente el control total en Madrid. O Pablo Iglesias, que pretende presentar la disputa como una pelea por el liderazgo nacional del partido.