| 28 de Noviembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Los sondeos internos del PP corroboran el trasvase de votos a Ciudadanos.
Los sondeos internos del PP corroboran el trasvase de votos a Ciudadanos.

Arrimadas y C's protagonizan el gran bombazo en las encuestas internas del PP

Ante las malas sensaciones electorales del PP, los asesores de Rajoy le han aconsejaron que la campaña debe “nacionalizar” los comicios, presentándolos como una auténtica operación de Estado

| Carlos Dávila España

Las personas que hablan en estos días con la juez Carmen Lamela, que no son muchas, refieren el estado de ánimo de una persona que siente cómo a su alrededor se multiplican las presiones, cómo se acosa su intimidad desde ámbitos diversos y cómo, en todo caso, tiene la certeza de que ha obrado según los cánones que le marca la ley y más concretamente el Código Penal de 1995 que ella, precisamente, estuvo desarrollando cuando por un escaso tiempo abandonó la toga y trabajó en el Ministerio de Justicia de Francisco Caamaño.

Lamela, según estas fuentes, no está dispuesta a aminorar las medidas cautelares que ha impuesto a los destituidos consejeros de la Generalitat; sólo si al final prospera, y no se sabe cómo se puede hace eso, la idea de centralizar todas las causas en el Supremo, la juez no tendría otro remedio que asumir el procedimiento, aunque pusiera -y los pondría- serios reparos, a una operación jurídica que francamente se entiende muy mal desde el sentido común porque, veamos: ¿Cómo es posible que el Supremo se encargue de un asunto en el que están incursos personajes políticos no aforados?

Lamela se formula a sí misma esta pregunta al tiempo que recibe informaciones muy precisas sobre la intención de los encarcelados de seguir la que se denomina ahora “vía Forcadell”, que no es otra cosas que una bajada de pantalones en toda regla: aceptación del 155 y declaración judicial precisa de que “oiga, ellos no querían”, o sea, que la solemne proclamación de independencia era poco más que una broma festiva de butifarra con mongetes.

El PP asume que le ha tocado realizar el juego sucio mientras, como dice uno de sus ejecutivos, “los demás de van de guapos y bonitos por la vida”

Si ese caso llega, si Junqueras y sus rebeldes que se están cuarteando a ojos vistas en la cárcel, siguen el ejemplo de su pusilánime presidenta del Parlamento, es de suponer que Lamela estudiaría el caso, caso por caso más para ser más precisos pero, hoy por hoy, su voluntad es la de que los rebeldes permanezcan por tiempo indefinido en prisión. Que se sepa muy bien esto.

Ella, como casi todo el aparato judicial español, está dispuesta a que el juicio definitivo contra los sediciosos no se prolongue ad calendas graecas. Desde luego ese es el propósito de la Fiscalía General de Estado que se propone activar a todo trapo sus labores para que los separatistas catalanes se sienten en el banquillo, cualquiera que sea éste, antes del próximo verano.

El Gobierno de la Nación apoya esta celeridad porque ni le conviene dilatar el proceso, ni le está viniendo nada bien que Lamela haya enviado al trullo a los consejeros rebeldes. Los hombres y mujeres de Rajoy se duelen muy mucho de que ellos estén soportando electoralmente (al menos eso es lo que se supone) las consecuencias del 155, mientras otros partidos, y en especial Ciudadanos, se aprovechan de su utilización sin romperse ni mancharse.

Concretamente, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y el delegado del Gobierno en Cataluña se lamentan de que Rivera y Ciudadanos hayan criticado la actuación de la Policía y sobre todo de los Mossos, en la huelga que mantuvieron saboteadores el pasado jueves. Al parecer, tanto Ciudadanos como Iceta y su bamboleante PSC, supieron de antemano que los agentes de uno y otro cuerpo, tenían la orden de no repetir actuaciones como las del día de la patraña consultiva.

Rajoy, este fin de semana en Barcelona en apoyo al candidato del PP, García-Albiol.

 

No querían y así se lo comunicaron, que la represión se convirtiera en una algarada brutal que podía llegar directamente a la masacre. Porque, “¿cómo -dicen desde Interior- decir se desarbola la ocupación de la carreteras y de las vías de ferrocarril si no es por la fuerza?”, “O ¿es que alguien cree que los desalmados que paralizaron coches y trenes se iban a retirar pidiéndoselo sencillamente por favor?”.

Lamela, como casi todo el aparato judicial español, está dispuesta a que el juicio definitivo contra los sediciosos no se prolongue ad calendas graecas. 

Este es el sentido de la queja que se promueve desde el Gobierno, que también ha informado a los partidos constitucionalistas de que aquel día convulso los Mossos intervinieron nada menos que en 222 ocasiones y que ya, ahora mismo, están identificados los jefes de los motines.

Pero lo cierto es que de aquí al 21 de diciembre ha reventado la unidad de los constitucionalistas y se ha proclamado el ansia electoral de cada quien. El Partido Popular asume que le ha tocado realizar el juego sucio mientras, como dice uno de sus ejecutivos, “los demás de van de guapos y bonitos por la vida”.

Las muestras internas que casi a diario presenta a la dirección del PP el consultor Narciso Michavila, no aventan precisamente estupendos resultados, tanto es así que los sondeos denuncian un abundante trasvase a Ciudadanos, trasvase que incluso puede alzar al partido de Rivera hasta los 27 o 28 diputados contra los 11 escasos que obtendría el voluntarioso Albiol, al que todavía nadie le ha agradecido el tremendo papel de sufrimiento político que le ha tocado en desgracia en Cataluña.

Es más, también en el PP se ha criticado que se le vuelva a situar en cabeza de los aspirantes del partido en Cataluña, cuando él, sólo él, es el que ha ganado unas elecciones en el Principado y nada menos que en Badalona, la tercera ciudad de Cataluña.

El PP ha dudado hasta el último momento en si depositar en Rajoy la responsabilidad de recuperar terreno electoral cara al 21 de diciembre, hasta el punto que solo hace unos días el partido decidió llenar de protagonismo al presidente; fue cuando sus consultores aconsejaron que la campaña del Partido Popular no podía ser otra que “nacionalizar” los comicios de diciembre, presentándolos como una auténtica operación de Estado que es la que el Gobierno ha tenido que hacer en Cataluña, aún con los errores, algunos monumentales, que han venido cometiendo en todos estos años.

Rajoy se ha dejado pelos en la gatera apostando por la unidad de los constitucionalistas soportando -dicen- infidelidades y deslealtades sin cuento. Desde luego es previsible que tanto Ciudadanos como el PSC, aliados simplemente de coyuntura, van a ahondar en la herida al PP de aquí al 21.

Eso es lo que toca en una campaña electoral que, desgraciadamente, ya prima más la lucha por los escaños del constitucionalismo que la oposición a ese vendaval de rebeldes e independentistas que está amainando porque, según se ve, sus promotores son unos cobardes (el último Puigdemont que ahora dice que todo es negociable) que se han rendido ante la evidencia de que su bolsa está en la ruina y su libertad se ha quedado a las puertas de la cárcel.