| 12 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

Sánchez arranca su semana de Resurrección

Donde antes dijo digo, Sánchez dice Diego y va a ir soltando anuncios económicos desde el mismo lunes.

| Esther Jaén España

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La semana que entra es, para Pedro Sánchez y su equipo, su particular “semana de Resurrección” y a ello piensa dedicarse en cuerpo y alma, puesto que, más allá de la euforia que destilan en el Palacio de la Moncloa, Sánchez y los suyos son conscientes de que la pasada semana fue, probablemente, la más complicada que les ha tocado gestionar, con mucha más contestación en la calle y en la sociedad de la que podían llegar a imaginar.

Fuentes del Ejecutivo señalan a EsDiario que el final de la huelga del transporte o, al menos de la mayoría de los transportistas (que desde el Palacio de la Moncloa creen que han logrado solventar no sin errores y patinazos innecesarios) y el posterior éxito al conseguir que la UE, tras la celebración del reciente Consejo Europeo diese luz verde a la propuesta hispano-lusa, han salvado una vez más “por la campana” a un Pedro Sánchez que lo fió todo a su buen predicamento entre el establishment de la UE y a punto estuvo de perderlo todo.

Sánchez es consciente de que la huelga de los transportistas se ha manejado mal, por infravalorar el nivel de cabreo del sector y de buena parte de la sociedad española, que al ver reflejado su día a día en el conflicto de los transportistas, simpatizaron de inmediato con la causa y rechazaron la actitud de un Ejecutivo, aparentemente inmóvil, ya sea por incapacidad o por falta de ideas, mientras algunos de los países de la UE iban anunciando medidas.

 

Pedro Sánchez inició una gira por los países socios de la UE, buscando complicidades, mientras la vicepresidenta de Economía, Nadia Calviño, capitaneaba la expedición gubernamental con los distintos representantes de los Grupos Parlamentarios, a los que le leían una suerte de decálogo sin la más mínima concreción de las medidas a adoptar para paliar los efectos de la crisis energética. A Sánchez le dieron la espalda en su gira y a Calviño, la escucharon con interés, sin comprometerse a nada, puesto que nada concreto había sobre la mesa.

Ocurrió, por ejemplo, en la reunión con el PP, donde emplazaron al equipo negociador, capitaneado por su portavoz, Cuca Gamarra, a apoyarles por tratarse de una “cuestión de Estado” y una necesidad perentoria, pero sin especificar las medidas que está previsto que se aprueben el próximo martes en el Consejo de Ministros y posteriormente en el Congreso de los Diputados. Ahí los monclovitas juegan con cartas marcadas, puesto que, como asegura un colaborador del presidente del Gobierno, “el PP tiene muy difícil oponerse o, incluso, abstenerse en la votación para refrendar esas medidas…¿cómo van a explicar que dicen no al alivio que va a suponer el abaratamiento del coste de la energía, para la mayoría de los españoles?”.

En los cálculos del Ejecutivo se contempla un sí crítico, o incluso una abstención, pero no un voto en contra. En ello confían, como también lo hacen en que el mantenimiento de la huelga de transportistas que mantiene viva la Plataforma en Defensa del Transporte pierda fuelle, tras el acuerdo alcanzado in extremis la madrugada del jueves al viernes, con la aprobación de un paquete de ayudas que alcanzan los 1200 millones de euros de coste. En lo que no confían ya en Moncloa es en la paciencia de los ciudadanos que ansían una solución a la carestía de los precios
de la energía, que ha impactado en todos los sectores, incluidas las necesidades más básicas de alimentación.

Por ello, donde antes dijo digo, Sánchez dice Diego y va a ir soltando anuncios económicos desde el mismo lunes, en la Conferencia que presentará antes un buen número de representantes empresariales, para pasar a aprobar medidas y comparecer en el Parlamento el miércoles, para dar cuenta del Consejo Europeo, de las medidas y no le va a quedar más remedio que también dar su
versión del cambio de posición de España ante el conflicto del Sahara, porque el “chorreo” que se llevó el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, les sabe a poco a casi todos los Grupos de la Cámara Baja, a excepción del Grupo Socialista, donde son varios los diputados que bajan la mirada abochornados cuando se les menta el asunto.

Pero lo que piden ahora desde Moncloa a los suyos es que lleven la frente alta y saquen pecho por los “logros” de Pedro Sánchez ante el Consejo Europeo, porque tenía un plan B y porque lo sacó adelante tras una intervención y fuga, con cierta dosis de teatralidad, ante sus colegas europeos. La orden es esa y la consigna, aunque todavía nos queden unos días para la Semana Santa, resucitar la imagen de Sánchez.