| 27 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

El cabo suelto que amenaza a Sánchez se llama Pablo Iglesias

Nadie osa toser a Sánchez en el PSOE, en parte porque cualquier oposición al secretario general, además de estar muy mal vista, no tiene visos de progresar.

| Esther Jaén España

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha puesto en marcha una nueva “Operación Resurrección” de su partido, el PSOE, y de su propia imagen, ahora que las encuestas -incluida la del propio Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)- dan por claro vencedor al PP de Alberto Núñez Feijóo y que los expertos en demoscopia auguran una victoria holgada del PP frente al PSOE en las elecciones generales de finales del año próximo. No hubo ni un reproche, ni un “pero” en la reunión del Comité Federal del pasado sábado, a la decisión de un mesiánico Sánchez, de poner y quitar caras nuevas al plantel que él mismo escogió hace ahora un año, en el Congreso Federal del PSOE; o de configurar un comité de dirección que será el encargado de enderezar la torcida situación de la familia socialista.

Nadie osa toser a Sánchez en el PSOE, en parte porque cualquier oposición al secretario general, además de estar muy mal vista, no tiene visos de progresar, de acuerdo con el reglamento orgánico del PSOE y porque, siendo honestos, los cuadros orgánicos socialistas son conscientes de que, si bien Sánchez puede ser un problema ante la opinión pública hoy por hoy, también es el único líder que tienen capaz de revertir la situación de desplome que atraviesa la intención de voto del PSOE. En la cofradía del puño y la rosa o se encogen de hombros, carentes de fuerza y empuje por librar una batalla contra el secretario general, o bien lo fían todo a la fortaleza de Sánchez y su “Manual de Resistencia”.

 

Eso sí, queda claro que no hay quien suscriba en el PSOE la idea de hacer coincidir las elecciones generales con las municipales y autonómicas, pero eso no parece que vaya a ocurrir, no tanto por la voluntad de alcaldes, concejales y presidentes autonómicos, así como aspirantes a serlo dentro del PSOE, sino por decisión del propio Sánchez, que está decidido a agotar la legislatura y afrontar la presidencia de la UE, que le toca a España en el último semestre del año 2023. A su favor, Sánchez cuenta con un colchón de miles de millones de euros en forma de fondos de la UE, que bien pueden ayudarle a soportar los tiempos duros que auguran no pocos organismos e instituciones para todo el continente europeo y para la economía mundial.

En contra, se agiganta la incertidumbre económica, además de un clima de opinión desfavorable que Sánchez aspira a revertir con los cambios acometidos en el PSOE, la chequera en una mano y el BOE en la otra. Pero lo que realmente está fuera de su control y amenaza con amargar los planes de remontada de Sánchez es la batalla encarnizada de la izquierda cainita que habita a su izquierda. Enzarzados en una batalla tan obscena como evidente, los miembros de Podemos fieles a Pablo Iglesias, que sigue ahí, maniobrando entre bambalinas, pese a su renuncia “oficial” y presto a quebrar en pedazos cualquier opción de Gobierno de izquierdas que no pase por su control, constituyen a día de hoy un auténtico escollo para los planes de Sánchez.

 

El PSOE puede dejarse la piel en la remontada, pero por mucho que remonte, necesita, para gobernar, una izquierda fuerte a su izquierda, que le permita, al menos, reeditar un Gobierno como el actual: de coalición y con apoyos parlamentarios de izquierdas e independentistas. Sin embargo, esa izquierda que intenta construir la vicepresidenta Yolanda Díaz, está siendo torpedeado por la alargada sombra de Pablo Iglesias. 

El líder que antaño provocó el insomnio a Sánchez, vuelve a la carga y no solo envenena los sueños del líder del PSOE, sino que amenaza con tirar por tierra sus planes. Al entorno de Sánchez le martillea la cabeza aquella frase que, cual maldición, profirió un día Pablo Iglesias: “Si no llega a un acuerdo con nosotros, no será presidente nunca”. Ese “nosotros” se ha ido reduciendo con los años hasta convertirse en una versión jibarizada de aquel Podemos que obtuvo 69 escaños en las elecciones de 2019.

Pero la maldición sigue en pie e Iglesias, genio y figura, ha demostrado que prefiere un Gobierno de coalición entre PP y Vox a un gobierno de izquierdas del que él mismo no pueda tener control alguno. Por ello, trata de impedir el éxito de “Sumar”, el proyecto de Yolanda Díaz, que no puede sino ser el principio del fin de Podemos, disuelto en una apuesta que huye de partidos y partidismos y lo fía todo al tirón electoral de Yolanda Díaz…y a su voluntad. La guerra entre Iglesias y Yolanda Díaz amenaza seriamente los planes de Sánchez y está por ver si su “Manual de Resistencia” tiene también soluciones para sortear este nuevo obstáculo.