| 24 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Investigación Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
Pedro Sánchez, recibiendo la tercera vacuna el pasado viernes.
Pedro Sánchez, recibiendo la tercera vacuna el pasado viernes.

Sánchez suma más de 600.000 bajas tras vetar el teletrabajo que usan 24 países

Trabajadores públicos y privados copan el máximo nivel presencial cuando ómicron multiplica casos y bajas y la UE pide operar desde casa.

| Francisco Mercado España

 

 


24 países europeos han adoptado el teletrabajo desde que estalló en noviembre la variante más contagiosa del Covid: ómicron. España, por mandato de Sánchez, no. Tal decisión ha generado más de 600.000 bajas laborales. Esto daña las arcas estatales (abonan el 75% salarial desde el primer día). Paraliza la actividad económica. Y multiplica los casos en seno laboral y áreas vinculadas (transportes, restaurantes, hogares…).

El trabajo constituye un foco propagador de primer orden: conviven en espacios cerrados y raramente ventilados de modo permanente trabajadores que pueden aportar el virus de diferentes espacios. Sufren y generan riesgos adicionales al compartir transportes hacinados y realizar comidas donde se produce la mescolanza sin mascarillas que sí alarma cuando se produce bajo la bandera del ocio.

El teletrabajo, cuya viabilidad en miles de empresas se probó ya en marzo de 2020, no daña la economía ni las arcas del estado. Cuando fustiga la variante más contagiosa del coronavirus, aplicar el teletrabajo es la medida más barata que puede dictar un Gobierno para frenar una ola vírica que rebasa ya todo precedente.

Que enferme un trabajador es un mal negocio para todos: el trabajador ve dañada su salud, pierde parte de su nómina, pone en riesgo a su hogar y entorno... Y el empresario ve perjudicada su firma porque se queda sin su esfuerzo laboral. Si esto ya era visible con la primera ola del virus, con la sexta pilotada por ómicron es más sangrante. ¿Qué amenaza más a una empresa, el teletrabajo o que enferme su plantilla?

Y esto lo han entendido 24 países europeos desde el pasado noviembre: Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, Chequia, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Holanda, Polonia, Portugal, Rumania y Eslovaquia.

Los abogados que lidian con asuntos laborales se quejan de la imposibilidad de realizar gestiones presenciales desde la primera ola. Y, supuestamente, los funcionarios están ahí. Presentes, pero invisibles.

La UE lo recomendó en noviembre ante su temor, ya constatado, de que las vacunas no frenarían a ómicron. Bruselas reclamó medidas preventivas como el teletrabajo que ignoró Sánchez, cegado por su optimismo sobre las vacunas que no comparte Bruselas tras entrar en juego ómicron.

Moncloa podría argumentar que Dinamarca, Hungría, Islandia, Noruega y Suecia tampoco han decretado el teletrabajo en la sexta ola. Pero los países nórdicos son punteros en el teletrabajo. Sus gobiernos no precisan recomendar el teletrabajo. Sus sociedades lo llevan de serie (hasta un 37%). España es un islote con Hungría en su veto al teletrabajo.

 

Miembros del Comité Federal del PSOE asisten a la reunión del viernes desde sus casas.

 

Sánchez no es más protector de los trabajadores públicos que de los privados. El 97,64% de los funcionarios de la Administración Central en diciembre de 2021 prestaba servicios en modo presencial. El gran avance es que un 34% practica la “presencia a distancia”.

Teletrabajan un día a la semana. Oh... Paradójicamente, en octubre, antes del disparo de los contagios, era menor (97,24%) el porcentaje de funcionarios que acudían presencialmente al trabajo. A mayor contagio nacional, menor teletrabajo funcionarial. Chocante Sánchez.

En el sexto período epidémico (a partir del 14 de octubre de 2021), se han notificado a la RENAVE (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica) 1.912.760 casos confirmados de Covid 19, 25.032 hospitalizaciones (1,3% de los casos), 2.484 ingresos en UCI (0,1%) y 2.146 defunciones (0,1%). ¿No son registros como para recomendar el teletrabajo?

Pero mientras el teletrabajo funcionarial es un bien escaso, la realidad percibida desde el exterior es diferente. Los abogados que lidian con asuntos laborales se quejan de la imposibilidad de realizar gestiones presenciales desde la primera ola. Y, supuestamente, los funcionarios están ahí. Presentes, pero invisibles.

 

Comparación de medidas preventivas no farmacéuticas en Europa desde noviembre.

 

Esto ocurre bajo la batuta de un presidente que loa en sus decretos el trabajo a distancia: “la generalización de los sistemas que permiten el teletrabajo supone un punto de partida sobre el que apoyar este impulso de la digitalización y la cohesión territorial”.

Pero el mayor impulso lo siguen cobrando las esquelas. Sanidad ya no rehúye incluir los datos de muertos del MOMO (Monitorización de la Mortalidad diaria) en sus informes: “Desde el 10 de marzo de 2020 hasta el 28 de diciembre de 2021, las estimaciones obtenidas con MOMO indican que se han producido 100.997 excesos de mortalidad por todas las causas a nivel nacional”. Ha desaparecido una población como la de Jaén capital.

Entre las medidas prescritas por la UE hace dos meses contra ómicron figuraba evitar actos masivos. Sánchez los ha mantenido en todas las ciudades españolas: cabalgatas, campanadas, partidos…

 

¿Y a qué se puede deber un exceso de muertes en plena pandemia? Sanidad en la primera ola se ofendía si la prensa mezclaba covid y excesos de muertes. Fernando Simón, faltando al respeto a los muertos y a la inteligencia de los vivos, especulaba que tal desfase de cadáveres podía deberse a “un accidente de tráfico enorme” en pleno confinamiento. Sólo en la sexta ola llevamos más del doble de muertos que el total de fallecidos en la carretera en el último año. En siete días perecen más de 300 españoles.

Entre las medidas prescritas por la UE hace dos meses contra ómicron figuraba evitar actos masivos. Sánchez los ha mantenido en todas las ciudades españolas: cabalgatas, campanadas, partidos… Una decena de países europeos, por el contrario, recomiendan quedarse en casa desde hace dos meses.

La UE recomendó mascarillas en noviembre. Sánchez tardó un mes en reintroducirlas para el exterior y exceptuando a los que exhalan más aerosoles: deportistas. Más de 14 países europeos las aplican en exteriores desde noviembre.

También exigió Bruselas en noviembre, como la OMS desde 2020, tests y seguimientos masivos. Dos meses después, faltan tests y apenas hay equipos de rastreo en España. El sistema sanitario está nuevamente colapsado por la atención de enfermos y es incapaz de rastrear contactos. Esto explica por qué el 64% de los enfermos no tiene noción de quién le ha enfermado. Se culpa al hogar (37%), pero obviamente el virus no surge ahí: alguien lo ha transportado de otro ámbito (escolar, laboral, ocio…).

Los transportes siguen hacinados (salvo cuando la enfermedad de maquinistas paraliza trenes) y la ventilación permanente es un mito en transportes, trabajos, tiendas y locales hosteleros. Todo eso que Sánchez desdeña es la mejor vacuna contra ómicron. Desmiente la UE la ceguera presidencial. Y le desmiente la realidad. Más de 1,2 millones de nuevos casos en dos semanas. Casi 3.000 casos por 100.000 habitantes.

Sanidad ya recula cuando alude a delta: “Predominante hasta diciembre de 2021, en estos momentos está siendo desplazada por la variante ómicron. Más transmisible que la variante alfa y ligera disminución de la efectividad de la vacuna”. ¿Ligera disminución de la efectividad de la vacuna con más de un millón de casos en dos semanas? Y esto ocurre cuando, en teoría, sólo la mitad de los casos los genera ómicron.

Esto enlaza con otro error gubernamental que denuncian los expertos sanitarios españoles: las trabas a conceder la baja laboral sin cita presencial médica. Resultado: ante la imposibilidad de lograr la baja por el atasco de la atención primaria los infectados acuden al trabajo…y contagian al resto. Y por si fuera poco el Gobierno de Sánchez avala una subasta política para acortar la duración de la baja/cuarentena de 10 días a 7 (se pretendía inicialmente dejarla en 5). ¿Por qué no una baja exprés de 24 horas?

Frente a tales errores suicidas que abandera Sánchez, los expertos independientes reclaman el autodiagnóstico contra el covid en farmacias o tests individuales. Y si algunos falsean bajas…entra en juego la inspección laboral con su sanciones. Según los virólogos, la baja médica, léase el confinamiento, no sólo debe concederse al enfermo, sino a los contactos estrechos. Esto lo reclamaba la OMS en la primera ola con un virus que infectaba diez veces menos. Y ahora parece un lujo.

Esta política que bendice Sánchez olvida que la mayor bondad de una baja en tiempos de ómicron estriba en que el infectado o enfermo no pone en peligro a más ciudadanos. Uno contagia a diez. El paciente tras siete días puede no presentar síntomas, pero ser aún contagioso. La OMS, como en la primera ola, recomienda una baja de 14 días.

Regatear bajas es alimentar más bajas. Y ya que se trata la baja por covid como accidente laboral, no estaría mal que Sánchez exigiera casco (teletrabajo) a los trabajadores. Su partido se apellida obrero.