| 29 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Aragonés ni se quieren, ni se fían, pero se necesitan

Necesitan dos años de conllevanza: hasta las próximas elecciones generales y hasta la moción de confianza del Molt Honorable.

| Esther Jaén España

 

Asegura un dirigente territorial socialista que cuando entras en tratos con los independentistas “tienes que cobrar al contado y contar dos veces cuando te pagan”. Esta forma tan gráfica de definir el escaso margen de confianza que le merecen los líderes del independentismo, dista muy poco de las palabras que emplean los dirigentes del secesionismo al referirse al Estado Español. En ERC, sin ir más lejos, todavía recuerdan cómo, gobernando José Luis Rodríguez Zapataro y siendo ERC socio de los socialistas en el Govern de Cataluña, el entonces secretario general de ERC, Joan Puigcercós, se enteró por un periodista, mientras andaba trajinando con el sofrito de una paella dominguera, de que el entonces portavoz parlamentario, Alfredo Pérez Rubalcaba, había llegado a un acuerdo “a traición” con el entonces líder de la oposición en el Parlament de Catalunya, Artur Mas, para aprobar con sus votos (PSC y Ciu en el Parlament y PSOE y CiU en el Congreso) dejando a ERC al margen del texto inicial del Estatut, que después llegaría al Congreso de los Diputados y que sería “cepillado” y, finalmente, recortado sensiblemente por el Tribunal Constitucional. Rubalcaba les había robado la cartera.

A uno y otro lado del Delta del Ebro, nadie se fía de nadie, pero todos se necesitan, aunque periódicamente se echen los trastos a la cabeza y los números a la cara.

Años más tarde, el mundo del independentismo, con la entonces vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el líder de ERC y vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, llenó Catalunya de urnas para celebrar un referéndum ilegal, mientras ambos aseguraban que mantenían un diálogo franco a nivel personal e institucional… 

A uno y otro lado del Delta del Ebro, nadie se fía de nadie, pero todos se necesitan, aunque periódicamente se echen los trastos a la cabeza y los números a la cara. Hoy mismo, en la reunión de la Comisión Mixta de asuntos Económicos y Fiscales Estado-Generalitat, la cosa también va de números. Y de necesidades mutuas.

De entrada, el gobierno catalán necesita pasar por caja y cobrar los 200 millones de euros en concepto de “déficit histórico de inversión en infraestructuras” que dejaron de percibir al no cumplirse la Disposición Adicional Tercera del Estatuto catalán, que establece que la inversión del Estado en infraestructuras en ese territorio será equivalente a la aportación de Cataluña al PIB español. Estas son las cuentas: la aportación ha sido del 19% y la inversión del Estado del 15,7%... ergo… a pasar por caja y a echar mano de un Texto Legal del que abomino, que 200 Millones bien valen una misa y un Amén al Estatut.

Pero eso es lo que dice la mencionada Ley Orgánica, votada en el Parlamento Español y modificada y validada en este punto por el Tribunal Constitucional. En este punto y en este momento, los líderes secesionistas exigen el cumplimiento de la Ley, en la que, si en otro momento se lo pide el cuerpo, se ciscarán. 

No hay discusión Gobierno Sánchez-Generalitat: la flamante ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, ya ha dado su visto bueno a esa cantidad. Pero para que el gobierno catalán la cobre falta un pequeño detalle: que se aprueben los presupuestos de 2022, que es donde irá consignada la partida en cuestión…¡Touché! Si no hay Presupuestos, no hay millones. Y lo que es bueno para esta recién reconocida “deuda histórica”, es bueno para la ampliación del aeropuerto de El Prat, que precisa de una inversión próxima a los 1.800 millones de € y para un abultado etcétera. 

 

No parece que haya muchos ruegos y sí la pregunta que no quisieron formular ante el resto de presidentes autonómicos el pasado viernes “¿Qué hay de lo mío?”. 

Si alguien se está preguntando por los fondos de la UE, eso va por otra vía no presupuestaria y tiene otro trámite. No está en el orden del día de hoy,  pero en el Gobierno aceptarán entrar en el tema en el capítulo de ruegos y preguntas. No parece que haya muchos ruegos y sí la pregunta que no quisieron formular ante el resto de presidentes autonómicos el pasado viernes “¿Qué hay de lo mío?”. 

Sánchez y el independentismo ni se quieren, ni se fían, pero se necesitan. Necesitan dos años de conllevanza: hasta las próximas elecciones generales y hasta la moción de confianza del Molt Honorable Pere Aragonés.