21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Gallardón y Carmena en la entrega de las medallas de honor del Ayuntamiento.
Gallardón y Carmena en la entrega de las medallas de honor del Ayuntamiento.

Sánchez iba para Gallardón y se ha quedado en una secuela de Zapatero

Hay políticos que proyectan y gestionan a la vez y otros que consideran la política como un continuo anuncio. Adivinen a qué especie pertenece el presidente del Gobierno

| Antonio Martín Beaumont España

 

Hay dos tendencias muy extendidas dentro de la política, pero que son de muy complicada comprobación. Una es que, cuando llegan las citas electorales, los votantes deciden su voto en función de cómo lo ha hecho el Gobierno de turno.

La otra, que parece ser la que recomienda Iván Redondo a Pedro Sánchez, es que la gente está dispuesta a olvidar lo ocurrido si se le dan “proyectos de futuro” que la ilusionen.

Pongamos el ejemplo de un político que jugó siempre bien ambas bazas con propuestas capaces de atraer a quienes debían votarle, pero sin olvidar la eficaz gestión del día a día: Alberto Ruiz-Gallardón.

Gallardón fue presidente de la Comunidad de Madrid entre 1995 y 2003 y realizó durante los primeros años de su mandato el proyecto Metrosur, que cambió la cara a los grandes municipios del sur y suroeste del área metropolitana de Madrid.

Del Metrosur al soterramiento de la M-30

La idea era magistral y permitió a cientos de miles de residentes en las ciudades del extrarradio que trabajan en la capital llegar cada día a sus empresas con rapidez y un buen servicio. Con sus políticas, Gallardón mejoró notoriamente la vida de sus vecinos.

Luego, en 2003, Ruiz-Gallardón salió elegido alcalde Madrid. Su nuevo proyecto estrella, “faraónico” como casi todo en él, fue el soterramiento de la M-30. Lo hizo además en tiempo récord: en 22 meses tenía todo listo. Lógicamente, en 2007 arrasó en las elecciones municipales, obteniendo la mayoría absoluta.

Gallardón, a quien se apodó “El Faraón” por sus grandes obras, era un político que aplicaba la máxima "A Dios (el pueblo) rogando y con el mazo (los hechos) dando".

Frente a esto, tenemos el ejemplo de José Luis Rodríguez Zapatero, que consideraba la política como un continuo anuncio. Llegó la crisis económica de 2008 y pensó ingenuamente que, si la negaba, pasaría desapercibida.

Zapatero en una reciente conferencia.

 

Luego, cuando el paro asoló a las familias españolas, se inventó Planes E para hacer rotondas y polideportivos cargados de publicidad aunque eran pan para hoy y ruina de los españoles para mañana… ZP condujo en tres años al PSOE a una derrota humillante en las urnas.

Pues bien, Pedro Sánchez va por el camino de su antecesor socialista: mucho marketing, más de 1.000 asesores dedicados a crear “relato” que ensalce al presidente, demasiado mirar el futuro sacándose incluso de la chistera la Agenda 2050... pero poco trigo para repartir hoy a los españoles. Todo ello, además, rodeado de unos ministros que convierten en un problema cada cosa que tocan.

Sánchez no puede ni ir al Día de las Fuerzas Armadas por los abucheos

Un Gobierno que tiene la oportunidad histórica de recibir 140.000 millones de fondos europeos, y al que lo más resaltable que se le ha escuchado hasta ahora es que va a crear la NASA española, vive en la Luna.

La realidad es tozuda: el presidente, apenas tres años después de estar en La Moncloa, ya no puede ni asistir al Día de las Fuerzas Armadas junto al Rey Felipe VI por miedo a los pitos y abucheos en la calle.

La España plurinacional de Sánchez y Junqueras

Era sospechoso tanto silencio por parte de La Moncloa respecto a la mesa de diálogo sobre Cataluña. Nadie quería decir ni mu al respecto en el complejo presidencial. Era como si se la hubiera llevado el viento.

Cuando se preguntaba por ella, todos se ponían de perfil. Pero nada de eso: la realidad estaba ahí, aunque la escondiesen. Y el tema tiene miga, porque es otra espina del independentismo para pinchar a la mayoría de los españoles.

 

El caso es que ERC, rizando el rizo, quiere que se siente a la mesa negociadora (que en principio era entre el gobierno de la Generalitat y el español) Oriol Junqueras. Otro caramelo envenenado que se suma a los indultos, para que la digestión catalana del PSOE sea aún más amarga. De ahí tanto silencio.

Desde Ferraz y La Moncloa, ya se sabe, no se quiere decir nada al respecto. El PSC ha sido el encargado de balbucear excusas. Pero todo huele a que, tras los indultos este verano, llegará la foto de Junqueras sentado mano a mano con Pedro Sánchez “apañando”, digámoslo claramente ya, la inconstitucional “España plurinacional”.

El independentismo está crecido ante un presidente débil que paga cada día las facturas que le pasan al cobro quienes desean tumbar la Constitución de 1978.