caída de Maduro
A la purga del chavismo: Delcy Rodríguez acelera la reconfiguración del poder en Venezuela
La salida de figuras clave del madurismo y el relevo en Defensa evidencian una estrategia para afianzar el control institucional en plena presión de Estados Unidos

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodriguez.
La presidenta encargada impulsa una amplia remodelación del Gobierno y del alto mando militar para consolidar su liderazgo, en un contexto de presión internacional y redefinición del equilibrio político interno.
Padrino cae y el poder militar cambia de manos
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha intensificado en las últimas semanas un proceso de depuración dentro del chavismo que afecta a algunas de las figuras más relevantes del aparato político y militar heredado de Nicolás Maduro. La destitución del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, tras más de una década en el cargo, constituye el movimiento más significativo de una estrategia orientada a consolidar su control sobre las instituciones del Estado.
La salida de Padrino se enmarca en el contexto posterior a la operación estadounidense que culminó con la captura de Maduro, un episodio que deterioró la imagen y cohesión de las Fuerzas Armadas. Su sustitución por el general Gustavo González López, con perfil vinculado a los servicios de inteligencia, apunta a reforzar los mecanismos de control interno en un momento de transición política.
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Junto a este relevo, Rodríguez ha promovido cambios en múltiples carteras estratégicas —incluidas Transporte, Energía, Vivienda o Trabajo— y ha apartado a dirigentes asociados al núcleo duro del madurismo, en lo que diversos analistas interpretan como una reconfiguración del sistema más que una ruptura con el modelo anterior.
La remodelación combina la salida de figuras clave con la permanencia de actores como Diosdado Cabello o el canciller Yván Gil, lo que introduce elementos de continuidad dentro del nuevo equilibrio de poder. Este enfoque sugiere una estrategia de ajuste progresivo para evitar fracturas internas mientras se refuerza el liderazgo presidencial.
En paralelo, el proceso se desarrolla bajo la influencia de Estados Unidos, especialmente en materia energética, en un escenario marcado por la incertidumbre sobre la estabilidad futura del país.