| 14 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Salón del restaurante Monumental
Salón del restaurante Monumental

Monumental, pero no para comer

Poco faltó para que pidiera la sierra mecánica porque el cuchillo resultó inútil contra los tendones del vacuno; así que lo devolví entero y me trajeron la pata de un pollastre recalentado

| Pedro Nuño de la Rosa La Picaeta

Hay restaurantes, y comederos (que no comedores). Estos últimos son una burda imitación marketingniana de locales que han tenido éxito por su ambiente musical y decoración vegetal, (por ejemplo, Amazónico en Madrid o Shôko en Barcelona), y en plan local El Potal, pensados para un público mayoritariamente joven, con ganas de ser visto y con escasa formación y preocupaciones gastronómicas. 

En Alicante, Elche, Murcia y Albacete ha irrumpido la marca "Monumental", con espaciosos salones de ambiente ruidoso, funcional y botánico donde se pueden ir sorteando mesas siempre ocupadas, incluso doblando turnos, hasta que un señor categorizado maître, te sienta en la que menos esperas, y te entrega las inalterables cartas de un menú que es batiburrillo internacional. 

Desde un risotto, añaden "cremoso" (no conozco otra textura), acompañado de boletus, lascas de ¿Idiazábal? y toque de trufa (¿blanca negra o aceite...?, pasando por una "fideuá marinera" (no las hay "terrestres"), hasta llegar a los arroces abanda, negro, de rape, gambas y verduritas, incluso el consabido bogavante de oceánica procedencia extranjera, y siempre más caro, que no mejor a cualquier marisco o/y pescado de nuestro inmediato mar Mediterráneo. 

El famosísimo, caro y no siempre fácil de utilizar, horno Josper, planea sobre toda la carta como garantía de poderío culinario. Tanto sea un foie-gras sobre tosta con cebolla caramelizada al ídem, como unas zamburiñas gratinadas con mahonesa de yuzu; por no hablar de las carnes, que, desde el entrecot de ternera, la pluma ibérica de bellota, el solomillo con setas, parmentier trufado y salsa de ceps (otro boletus), o la utilización de la carne wagyu para una hamburguesa "al punto menos" (sic) o el muslo de pollo deshuesado con influencias hindúes. 

El tataki de atún con ensalada de wakame y salsa teriyaki me pareció una ofensa a la cocina nipona

Poco faltó para que pidiera la sierra mecánica porque el cuchillo resultó inútil y romo contra los tendones del vacuno; así que lo devolví entero y me trajeron al cambio la pata de un pollastre recalentado ante el que se rindió mi espíritu de supervivencia, que no mi descorazonado paladar. Baste decir que mi compañero de mesa, mucho más testarudo que un servidor pudo llegar a la mitad del filete, y no más. 

De mi otro acompañante comensal pude probar un bacalao gratinado con costra suave de ajo y piso murciano, que por esta vez no estaba mal; sin embargo, el tataki de atún con ensalada de wakame y salsa teriyaki me pareció una ofensa a la cocina nipona. 

No estuvieron mal los postres, con unas milhojas rellenas de la clásica crema pastelera (obviamente), y la tarta de manzana "al Josper" ¿cómo no? tampoco decepciona. 

La carta de vinos corta y tópica. No mejor la de licores donde solamente hay tres wiskis y ginebras archiconocidas. El servicio intenta cumplir ante la barahúnda diaria, pero tampoco se extiende mucho en la explicación de los platos y aún menos su exigua sumillería. 

Restaurante Monumental 

C/ Reyes Católicos, 26, 03003 Alicante 

Teléf.: 966 44 00 9978 

Precio medio 15 a 30€ 

No cierra, salvo de lunes a miércoles noche