| 14 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cebrián está probando de su medicina.
Cebrián está probando de su medicina.

¿Es defendible lo que ha perpetrado El País? El artículo que Sánchez querrá leer

El grupo mediático de Juan Luis Cebrián lleva días recibiendo críticas de casi todos los medios por su operación de derribo contra el secretario general, que no es la primera ni la última.

| J. F. Lamata Medios

Incendiar Ferraz para hacer saltar a Pedro Sánchez tiene el inconveniente de que los nuevos gestores toman el control de un partido en cenizas, pero en esta operación también han salido chamuscados medios de comunicación, principalmente uno, Prisa, aunque no ha sido el único. La peculiar cobertura discreta de Canal Sur sobre el Comité Federal ya ha cosechado reproches incluso de uno de sus fundadores, Juan Tortosa, y confirma el interés de televisión de Susana Díaz por suavizar lo que pasó durante el sábado.

Si en las guerras palaciegas del siglo XV para sacar adelante cualquier complot se necesitaba el apoyo de algún obispo de turno, en las conspiraciones de salón actuales de los partidos políticos se precisa la participación de emperadores mediáticos, como bien saben Antonio Hernández Mancha en el PP o Tomás Gómez del PSOE. Este último considera que el ascenso del periodista José Marcos en la redacción de El País fue su premio por ejecutar la operación de derribo contra él en 2015 usando el sobrecoste del Tren de Parla.

Josep Borrell, efímero líder del PSOE (1998-1999), rompía el silencio el pasado viernes cuando lanzaba ante la SER su andanada: “El Grupo Prisa no decide quién es el secretario general del PSOE”. Es inevitable que, al leer los editoriales cebrianistas de José Ignacio Torreblanca contra Sánchez a Borrell le vinieran a la memoria los zarpazos que Javier Pradera y compañía le dedicaron a él desde ese mismo grupo 17 años atrás.

Durante este fin de semana toda la manada de digitales izquierdistas (InfoLibre, Publico.es, ElDiario.es, ElPlural.com…) han cubierto al grupo mediático de Juan Luis Cebrián de toda una variedad de descalificaciones e insultos como si fuera culpable de todos los males socialistas. Desde apodar a Cebrián como el molesto cuñado rico de la política (Jesús Maraña) hasta acusarle directamente de golpista (diario de Sopena), en plena sintonía con las descalificaciones que Pablo Iglesias lleva haciendo contra este medio por sistema desde hace cuatro semanas.

Pero lo más inquietante son los dobles raseros. En este proceso de destrucción de Pedro Sánchez, la actitud de Juan Luis Cebrián es perfectamente intercambiable con la de Antonio García Ferreras. Ambos han coincidido plenamente en la campaña de linchamiento a Sánchez. En realidad La Sexta llevaba tiempo haciéndolo y Prisa se apuntó sólo tras la investidura fallida de principios de septiembre. Durante este fin de semana de programas especiales Ferreras no paró de arrear en cada minuto al defenestrado (y meritoria ha sido, sin duda, la entrega diaria en el plató de Angélica Rubio, poniendo todas sus energías y plantando cara a los tertulianos podemiles). Pero ningún digital izquierdista, tertuliano o político podemil ha dicho palabra alguna contra el director de La Sexta. Toda la furia concentrada contra Cebrián. Por lo que se ve unos emperadores mediáticos están a la baja y otros están a la alza o unos despiertan más miedo que otros.

El doble rasero también se mide en las solidaridades. No deja de ser simbólico que bastara un comentario irónico de Pablo Iglesias Turrión contra un periodista de El Mundo, Álvaro Carvajal, para que la plana mayor del periodismo de la diestra y la siniestra saliera en trompa en defensa de este enarbolando la bandera de la libertad de prensa forzando al secretario general de Podemos a disculparse. En cambio, cuatro semanas del mismo Pablo Iglesias Turrión descalificando a Cebrián, presentándole prácticamente como conspirador y mafioso incluso desde el Parlamento con una visceralidad sólo comparable a la de los Kirchner con el Diario Clarín, no ha causado que ningún colectivo periodístico ni Asociación de la Prensa alguna haya movido un dedo por defender a El País.

Cierto es que tampoco parece fácil pintar a estas alturas al grupo de Cebrián como cordero indefenso cercado por lobos. Las acusaciones que está recibiendo en la actualidad (golpistas, conspiradores) son básicamente las mismas que ellos lanzaron contra otros medios de comunicación en el pasado por sus posicionamientos editoriales (periodo 1993-1996 contra ABC y El Mundo o periodo 2005-2008 contra El Mundo y la COPE). ¿Vendría a ser eso que dicen de la justicia poética?