| 25 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Un concierto de 2009 marcó a Bataclan como escenario de una matanza

Los atentados de París se cebaron en la conocida sala de conciertos donde actuaba el grupo musical Eagles of Death Metal. Pero los servicios de inteligencia conocían que estaba en la diana.

| Manuel Ortega Mundo

"Conozco al Diablo y esta es su canción", clamó el vocalista del grupo Eagles of Death Metal, y a continuación comenzó una orgía de sangre. El grito del cantante llegó cuando el público estaba más entregado. Apenas unos instantes antes la banda había hecho que sus fans se vinieran arriba. "Se os ama, París", habían gritado desde el escenario. Poco después, comenzaban los acordes de su canción Kiss the Devil. Los petardos que sonaron desataron los gritos de aprobación de los presentes. Hasta que algunos cayeron en la sala y el público notó que algo no iba bien.

El relato de lo sucedido dentro de Bataclan ha estremecido. Uno de los testimonios, el del matrimonio formado por Benjamín y Celia, ha causado estupor. La pareja ha relatado a Le Figaro cómo tuvieron lugar los hechos dentro de la sala, con un aforo completo de 1.500 personas. Un ataque que se inició desde el café que alberga el edificio y contra el que los vigilantes nada pudieron hacer ante el armamento que portaban los terroristas. 

El concierto había comenzado a las nueve de la noche y había reunido a un público que abarcaba desde los veinte a los cincuenta años. En ocasiones, padres que acompañaban a sus hijos adolescentes. Allí se encontraba uno de los españoles que ha perdido la vida en la cadena de atentados: Juan Alberto González Garrido.

Los terroristas cogieron desprevenidos a los presentes porque muchos confundieron el ruido de las detonaciones de los AK con petardos de una supuesta performance del grupo musical. Sin embargo, los gritos de alegría dieron paso a los de pánico cuando los cuerpos de los alcanzados comenzaron a caer al suelo. "No se veía nada más que sangre en el suelo. La había por todas partes. Salpicaban trozos de carne y de cerebro", ha relatado el matrimonio.

La descripción de los atacantes coincide punto por punto con la del periodista de Europe 1 que se encontraba en la sala y que consiguió escapar. Se trataba de individuos jóvenes, casi todos de veinte años salvo el mayor, que andaba por la treintena. Ninguno de ellos hubiera llamado la atención de no ser por las armas que empuñaban y el grito de uno de ellos: "Habéis matado a nuestros hermanos de Siria". Su obsesión eran los que llevaban un teléfono en la mano. "Mataban a los que sacaban los móviles", ha asegurado el matrimonio.

Las escenas relatadas son dantescas. Sangre, cadáveres, gente tirada por el suelo... La intervención de unos policías mucho antes de que tuviera lugar el asalto consiguió salvar a algunas personas que fueron evacuadas a través de una escalera de salida en la que se amontaban varios cuerpos.

Entre las víctimas de la sala se encuentran el empleado de merchandising del grupo, Nick Alexander, así como un periodista especializado en música metal del portal Les Inrocks, Guillaume B. Decherf, y un empleado de Mercury Records, Thomas Ayad

Precisamente el grupo Eagles of Death Metal tenía en su agenda actuaciones para diciembre en Barcelona y Madrid. 

En la diana del terrorismo

Tras el atentado se ha podido saber que la sala Bataclan ya estaba en el objetivo de los islamistas radicales desde hace años. Si el comunicado del Estado Islámico ha hecho referencia a los "idolatras" que acudían a una "fiesta de perversión", lo cierto es que el lugar había atraído las atenciones de los radicales con anterioridad, según el libro de Marc Hecker Intifada française, publicado en 2012. 

Los servicios de inteligencia franceses habían detectado en 2009 el interés de un grupo islamista, Jaish Al-Islam -considerado la rama de Al Qaeda en Gaza- por Bataclan como posible objetivo terrorista. La causa de esa atención estaba, además de en su antiguo propietario judío, en la elección de la sala para la celebración de un concierto de apoyo y colecta de fondos para la Magav, la Policía de fronteras israelí, que al final se celebró en otro lugar ante las presiones de asociaciones propalestinas.