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Caso Alcàsser: Ricart se desdice otra vez tras el anuncio de querella de Mauricio Anglés

Miguel Ricart, único condenado por el triple crimen de Toñi, Miriam y Desireé, admitió el 12 de noviembre de 2025 que inventó la historia de una «manada» de siete u ocho hombres y la implicación de Mauricio Anglés, pidiendo perdón públicamente.

Miguel Ricart, único condenado por el asesinato de las niñas de Alcàsser, en una entrevista

Miguel Ricart, único condenado por el asesinato de las niñas de Alcàsser, en una entrevistayoutube

David González
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Treinta y tres años después del secuestro, violación y asesinato de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, el caso Alcàsser vuelve a los titulares por la enésima voltereta de Miguel Ricart, el único condenado por el triple crimen. El pasado octubre, Ricart concedía una larga entrevista al canal de YouTube El Rincón del Disidente en la que, por primera vez en más de tres décadas, hablaba de una supuesta «manada» de siete u ocho hombres, entre ellos «tres ancianos» a los que no conocía, que habrían participado en las agresiones. Según esa versión, los hechos no ocurrieron en la caseta de La Romana (donde siempre se situó el crimen), sino en una nave o antiguo polvorín militar de Catadau, y Mauricio Anglés, hermano pequeño del fugado Antonio Anglés, habría sido forzado por este a disparar a una de las niñas.

El relato, completamente nuevo y sin ningún respaldo probatorio, reavivó teorías conspirativas ya desmontadas hace años y causó un daño inmenso, especialmente a la familia de Mauricio Anglés. Apenas un mes después, el propio Ricart lo desmontaba todo.

El 12 de noviembre de 2025, Ricart subió varios vídeos a sus redes sociales en los que reconocía, sin ambages, que todo era mentira. «Es falso todo, todo es mentira», repetía. Se dirigía directamente a Mauricio Anglés para pedirle perdón: «Hola, buenas tardes, me llamo Miguel Ricart. Hoy grabo este vídeo por una sola razón: pedir perdón al señor Mauricio por todo lo que se ha hablado hacia su persona. […] Ni tampoco las consecuencias que le podían acarrear tanto a él como a su familia». Incluso mencionó el acoso que había sufrido el hijo pequeño de Mauricio en el colegio: «Me he enterado que a tu hijo en el cole se le ha dicho que ‘su papá era un asesino’ y el nene te ha preguntado a ti. No es así. […] Quisiera aclararle al nene que su papá no es ningún asesino ni ha hecho nada».

Con esas palabras, Ricart cerraba de golpe una narrativa que él mismo había alimentado y que había reabierto heridas profundas en las familias de las víctimas y en personas que nada tuvieron que ver.

La mentira quedó además corroborada por pruebas objetivas. Antes incluso de que Ricart se retractara, Mauricio Anglés se había sometido voluntariamente a un polígrafo completo con la experta Conchita Pérez. Los resultados, documentados para El Cierre Digital, fueron contundentes: Mauricio decía la verdad al negar haber estado en el Opel Corsa con Ricart, en la supuesta nave de Catadau o en el lugar del crimen, y al rechazar haber sido obligado a disparar a ninguna niña. Ricart, en cambio, mentía al involucrarlo.

Mientras su última fabulación se venía abajo, Ricart volvía a aparecer en los periódicos por otro motivo bien distinto. Según publicó Las Provincias, había sido detenido meses atrás en un narcopiso del barrio del Raval de Barcelona, donde vendía cocaína y heroína. La pena inicial era de dos años de prisión, pero la juez suspendió la condena al no tener antecedentes recientes. Un nuevo delito, sin embargo, le llevaría directamente a la cárcel.

Desde que salió en libertad en 2013 tras la derogación de la doctrina Parot, Ricart ha ofrecido innumerables versiones contradictorias: unas veces se presenta como mero acompañante aterrorizado por Antonio Anglés; otras alega torturas policiales; en algunos momentos insinúa tramas políticas o rituales; y en los últimos años ha acusado sin pruebas a personas de su entorno. La constante es la misma: ninguna de sus historias resiste el menor contraste con las pruebas forenses, balísticas y biológicas que llevaron a su condena en 1997.

La historia de la «manada», los tres ancianos, el polvorín de Catadau y la implicación de Mauricio Anglés queda ahora oficialmente anulada por el propio Ricart, por el polígrafo y por la ausencia total de pruebas que la sostuvieran jamás.

Treinta y tres años después, el triple crimen de Alcàsser sigue siendo uno de los episodios más trágicos y dolorosos de la crónica negra española. Y, una vez más, los hechos probados, la condena firme de Ricart y la huida de Antonio Anglés, prevalecen sobre narrativas inestables, contradictorias y, como él mismo ha reconocido ahora, deliberadamente falsas.

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