25 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Acostumbrarnos sí; aprender, poco

Doce meses después aquí seguimos: aguantando mecha y adaptándonos para sobrevivir

| Ely del Valle Ocio

 

Si alguien nos llega a decir hace un año que hoy, 2 de febrero de 2021 íbamos a estar como estamos, habría cundido el pánico y el índice de depresiones, que ya ha aumentado lo suyo, hubiera sido tremendo. Sin embargo, si algo bueno tiene el ser humano, es que estamos diseñados, al igual que el maldito coronavirus, para sobrevivir a base de adaptaciones.

Nos hemos acostumbrado a la mascarilla, a saludarnos sin contacto físico, a vivir en burbujas, a viajar lo mínimo… La capacidad de saltar obstáculos en inherente al hombre y en ello estamos, por encima de la incapacidad de los responsables de tomar decisiones, culpables de banalizar de cara a la galería y por intereses claramente políticos lo que a todas luces es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos como especie.

O cambiamos o nos cambian por otros. Este es el mensaje

Doce meses después de que se nos dijera que Wuhan era una anécdota que sucedía al otro lado del planeta, la humanidad vive pendiente de una vacuna con diferentes nombres que incumple plazos y torea a la vieja Europa, y vocablos como antígenos, oxímetro, FFP2, contagio comunitario o inmunidad de grupo ya forman parte del leguaje cotidiano.

Si nuestra esperanza era que pasase 2020, la realidad nos enfrenta a un 2021 que ya se nos está haciendo largo y que viene a confirmar la teoría de que los dioses están hasta la clavícula de que andemos por el mundo como auténticos destroyers cargándonos todo lo bueno que tiene este planeta como si fuéramos los dueños de algo o como si no estuviéramos viviendo de prestado. O cambiamos o nos cambian por otros. Este es el mensaje que deberíamos grabarnos a fuego, aunque mucho me temo que hay sirimiris que, sin llegar a mojarnos, nos calan mucho más.