| 29 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Isabel Díaz Ayuso
Isabel Díaz Ayuso

Crónica tras el terremoto

En Madrid se juega todo y no hay que engañarse: Ciudadanos ya no es una opción y las únicas opciones son la libertad con Ayuso o el socialcomunismo de Iglesias sobre Gabilondo.

| Fernando de Rosa Opinión

 

 

Después del terremoto político ocurrido en España, tras la conspiración monclovita de Iván Redondo para destrozar la alternativa de centroderecha, es necesario efectuar un recuento de los daños producidos en los partidos políticos.

Sinceramente, pienso que las ondas sísmicas murcianas han afectado a todo el tablero político, aunque de forma desigual. Los mayores daños se han producido en Ciudadanos que ha visto derruida toda su credibilidad política, contándose por cientos los cargos públicos y simples afiliados del partido naranja que han podido comprobar cómo su líder, Inés Arrimadas, ha sido engañada de nuevo por Pedro Sánchez.

Pero esta vez, de forma definitiva, puesto que se ha convertido en el nuevo juguete roto de la política española. No le bastó ser engañada en las distintas votaciones de los decretos del estado de alarma y casi en la votación de los presupuestos del Estado, sino que volvió a creer en los cantos de sirena que salían desde la Moncloa, olvidando la fábula del escorpión y la rana.

¿Quién se puede fiar de nuevo de una política que ha demostrado tanta ingenuidad como falta de liderazgo?. Realmente, pasará a la historia como la penúltima “pagafantas” del sanchismo. El terremoto también ha afectado de lleno al gobierno de España, provocando que Pablo Iglesias salga del mismo.

 

Ahora se ha puesto el chándal bolivariano contra Ayuso, pero a quien está realmente esperando, es a Sánchez y no dudará en mover la calle contra el gobierno de coalición cuando le interese, por eso ha dejado como vicepresidenta a Yolanda Díaz, una comunista convencida, aunque vestida de piel de cordero.

El sanchismo, en una nueva pirueta, ha tenido que improvisar un nuevo eslogan para desviar la atención del desgaste sufrido tras el terremoto, así ha surgido el de “soso, serio y formal”. Sánchez quiere un nuevo “efecto Illa” con el candidato Gabilondo, intentando anestesiar a los madrileños y que se olviden de sus pactos con ERC, con Bildu y todas las confluencias comunistas, pero la jugada es tan simple que cualquiera puede darse cuenta. Ahora toca ser moderado.

Los madrileños tendrán que escoger entre  Gabilondo, junto a Pablo Iglesias en el gobierno de la Puerta del Sol, o si optan por la fuerza, viveza y energía de Ayuso

  Pero ¿con quién gobernará Gabilondo si suma?, evidentemente, con sus socios de siempre: los comunistas, por eso los madrileños saben que soso significa: que no tiene viveza, energía ni gracia, por cierto, todo lo que le sobra a Isabel Díaz Ayuso, y que el “soso” de Gabilondo no tendrá la seriedad y formalidad para evitar ser engullido por los comunistas.

Pero en una cosa estoy de acuerdo con el “soso” de Gabilondo, y es que los votantes que le quedan a Ciudadanos tienen la llave de las elecciones del 4 de mayo, con su voto decidirán si quieren social-comunismo o libertad.

Tienen que decidir si siguen votando a Ciudadanos y lastran al centroderecha, si votan al “soso” y garantizan un gobierno antiliberal, y comunista, o si quieren que continúen las políticas liberales de bajadas de impuestos, ayuda a autónomos y emprendedores, y que Madrid siga siendo la comunidad autónoma que más crece en España, por lo que tendrán que garantizar una sólida mayoría a Ayuso.

Sin alternativas

No hay más opciones, los madrileños tendrán que escoger entre el “soso” y falto de energía de Gabilondo, junto a Pablo Iglesias en el gobierno de la Puerta del Sol, o si optan por la fuerza, viveza y energía de Ayuso.

El liberalismo de Madrid lo ha definido, a su manera, Joaquín Sabina: “Me siento más madrileño que el alcalde de Madrid, lo bueno es llegar con la boina y la maleta de cartón y a los cinco minutos eres de Madrid”. Por eso, están en Madrid buscando libertad la mayoría de las 7.500 empresas fugadas de Cataluña. Por eso, se leen por las calles carteles que dicen: “Lo mejor no ha pasado, ni está por venir… está pasando”.