| 04 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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No puedo evitarlo

Pedro Sánchez cada vez se ata más al mundo radical del independentismo filoetarra. Su relación con la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, se está convirtiendo en adictiva.

| Fernando de Rosa Opinión

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Cada vez que leo los acuerdos entre Pedro Sánchez y los líderes de Bildu, me viene a la cabeza la famosa película británica estrenada en 1988 “Amistades Peligrosas”, con una interpretación magistral de Glenn Close y John Malkovich.

Sobre todo, hay que recordar la escena magistral en la que la marquesa de Merteuil (Glenn Close) decía: “Tengo un amigo que, como vos, se encaprichó de una mujer que no le convenía. Cada vez que se lo hacíamos notar, insistía con la misma pertinaz obstinación. No puedo evitarlo, decía. Se estaba convirtiendo en el hazmerreír de todo el mundo. Le explicamos que su nombre corría el riesgo de quedar asociado con aquella frase”.

Luego continuaba la escena, pero la frase “no puedo evitarlo” se convirtió en la explicación de todo el drama que envolvía a los personajes de dicha obra maestra cinematográfica, digna de ver por la intensidad de la historia.

Pedro Sánchez cada vez se ata más al mundo radical del independentismo filoetarra. Su relación con la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua, se está convirtiendo en adictiva y seguramente cada vez que alguien le advierte de lo nocivo de la relación, Sánchez le debe contestar: “no puedo evitarlo”.

Aunque la cueste votos en toda España, aunque sea uno de los motivos que puede provocar la debacle socialista en Andalucía y en mayo de 2023 en las municipales y autonómicas, nuestro presidente insiste en cultivar sus particulares amistades peligrosas porque “no lo puede evitar”.

La portavoz de Bildu, con su sonrisa siniestra, es la principal valedora del gobierno, incluso ha llegado a afirmar que a su grupo le interesa que gobierne Sánchez al menos hasta 2027, plazo que seguramente será el que, en sus cálculos, considere que necesitan para terminar de debilitar a las instituciones españolas y allanar la independencia tanto del País Vasco, Navarra y Cataluña.

En 1984, cuando fue condenada Mertxe Aizpurua por apoyar a ETA, murieron asesinadas por la banda terrorista 32 personas y en 2001 cuando fue investigada, murieron 15 personas

Pero algo que es fácil de percibir por cualquier ciudadano no excesivamente entendido de política, a Pedro Sánchez parece que lo considera un mal menor porque nada le importa que su nombre quede asociado a la sonrisa macabra de Aizpurua.

No puedo comprender que un personaje que ha sido condenado por la Audiencia Nacional a un año de prisión por apoyar el terrorismo y que fue investigada después de que el diario que dirigía entrevistara a los líderes de ETA en 2001, ahora sea la valedora del “sanchismo”. El año 1984, cuando fue condenada Mertxe Aizpurua por apoyar a ETA, murieron asesinadas por la banda terrorista 32 personas y en 2001 cuando fue investigada, murieron 15 personas.

Esa es la realidad de la líder condenada por su acción “proetarra”, y por mucho que se quiera blanquear por el sanchismo estos son los socios que le permiten continuar en el gobierno a Pedro Sánchez y a Yolanda Díaz, y son los que, indirectamente, permiten que el partido socialista pueda contar con los medios para mantenerse en el gobierno de Extremadura, Castilla-la Mancha o Aragón, por referirme a las comunidades cuyos presidentes, Vara, Page y Lambán, dicen que no están de acuerdo, pero no hacen nada para evitarlo, porque lo más seguro es que tampoco “lo pueden evitar”.

Cada vez hay más ciudadanos que están descontentos con esta situación y que están deseando llenar las urnas con votos de protesta

Lógicamente cada vez hay más ciudadanos que están descontentos con esta situación y que están deseando llenar las urnas con votos de protesta, incluso votantes socialistas están tentados de abandonar su fidelidad electoral para prestar sus votos y frenar esta situación, como afirman las encuestas electorales para las elecciones de Andalucía.

Toda esta realidad la sabe Sánchez, pero también cientos de alcaldes socialistas, que siguen caminando detrás del “Flautista de la Moncloa” a pesar de que la música no les gusta, pero ellos tampoco  “pueden evitarlo”  porque no tienen la suficiente firmeza política, y como en la película referida, “las amistades peligrosas”, se convertirán en cadáveres políticos porque no “quisieron evitarlo”.