04 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Salvador Illa.

España sigue perdiendo

Illa se va. Debería estar contentos pero hubiéramos preferido un movimiento de ficha política que no supusiera un constante reírse en nuestras caras por parte del Ejecutivo.

| Liusivaya Opinión

El ministro Illa ha anunciado por fin su salida del seno gubernamental y su entrada oficial en campaña electoral. Porque campaña lleva haciendo desde que fue nombrado ministro, solo que a los españoles como siempre no nos lo comunicaron hasta que no les salió de los escaños.

Deberíamos estar contentos y, sin embargo, nos invade a muchos más bien una sensación de tristeza impotente. ¿Lo queríamos? Sí. Pero no así. Hubiéramos preferido un movimiento de ficha política que no supusiera un constante reírse en nuestras caras por parte del Ejecutivo. Así somos de soñadores.

De momento lo que tenemos es un ministro que deja tras su paso a 85.000 fallecidos por una pandemia que lo pilló a la vez de sorpresa y de salida. Pues creerse que de verdad no sabía que fuera a ser el candidato a presidir la Generalitat es como creerse que la Presidencia no tiene idea alguna de quiénes y en qué cantidades estuvieron veraneando con Sánchez en Doñana en agosto de 2019, derrochando con alegría los 750.000 euros previamente muy amablemente aportados por los contribuyentes españoles.

Y mientras quedamos a la espera de un nuevo nombramiento, solo nos queda repasar las noticias del día a día. Esas en las que nos cuentan que Europa acaba de establecer un nuevo criterio para confinar zonas. Un criterio que, si lo aplicáramos, mantendría cerrado a prácticamente todo el país. Y España de elecciones. Y el ministro de Sanidad de campaña.

La campaña de las catalanas promete, aunque no sea para bien

Eso sí, la campaña promete. Porque aparte de poner de manifiesto lo mucho que al Gobierno del país le importan los ciudadanos del mismo, está desvelando datos de lo más curiosos. Así mismo el mejor candidato del PSC no solo ha resultado tener un perfil altamente mejorable como ministro de Sanidad, sino también uno igual de susceptible de mejoras varias como gestor de lo púbico.

Pues no se me ocurre un calificativo más suave para un señor que fue cesado en 2009 como director general de Infraestructuras de la Generalitat de Cataluña porque el coste de su proyecto estrella, la Ciudad de la Justicia de Barcelona, se disparó inexplicablemente un 52%, pasando de 255 millones a 388 millones de euros. Ahora entendemos mucho mejor aquellas compras masivas de mascarillas que terminaron costándonos más, comprándolas al por mayor desde el Estado, que si las hubiéramos comprado por unidades en el Mercadona desde la responsabilidad de cada uno. Si este es el mejor candidato de todo el partido, ¿cómo serían los demás?

Y lo peor es que con la salida de Illa España sigue perdiendo más o menos lo mismo que perdería manteniéndolo en el Ministerio. Porque aunque ya no podrá mermar de forma directa las arcas del Estado con sus compras del estilo de "todo a precio de oro", tiene muchas papeletas de tener todo el poder para hacer lo propio solo que esta vez de forma indirecta desde las instituciones catalanas. O lo que es lo mismo: no os preocupéis que pase lo que pase, lo seguiremos pagando entre todos.