| 29 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y María Jesús Montero
Pedro Sánchez y María Jesús Montero

El Lazarillo de Tormes en La Moncloa

| Fernando de Rosa Opinión

Fernando_de_Rosa

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades es una novela española anónima. Los primeros datos sobre cuando se comenzó a conocer este moralizante y pesimista relato datan de 1554. Es la novela símbolo de la picaresca española, al describir la vida de un “buscavidas” que con la mentira y el engaño intenta sobrevivir en momentos de “fortuna y adversidad”.

Realmente la utilización de la mentira y el engaño para sobrevivir es algo recurrente en la historia de España, pero en la actualidad se ha convertido en algo cotidiano en la acción gubernamental. Estoy convencido que desde la moción de censura de 2018 se ha ido generando una nueva versión de la acción política, que podía denominarse la “política pícara” y que se podría definir como la conducta dirigida a confundir a los ciudadanos con afirmaciones de dudosa moral y así intentar obtener una cierta ventaja momentánea.

 

Hemos presenciado en los últimos días verdaderas escenas dignas de formar parte del libro del “Lazarillo”. Ha habido ministros “pícaros” negando la bajada del IVA del gas para tener que rectificar a las pocas horas porque el “líder” Sánchez les ha dejado a los pies de los caballos, por lo que han tenido que decir una cosa y la contraria sin sonrojo alguno.

Pero lo que ha puesto más en evidencia la conducta gubernamental de engaño y mentira, es la imagen que ha transmitido la “pícara” ministra Mª Jesús Montero, cuando ha intentado hacerse la “graciosa” utilizando términos racistas para atacar al presidente del Partido Popular tras imputarle una conducta de constante oposición a todo tipo de medidas del gobierno, todo ello, a sabiendas que estaba trasladando una mentira dirigida a engañar a los ciudadanos.

Mª Jesús Montero: la ministra "pícara"

Más les hubiera valido a los andaluces que la “pícara” señora Montero se hubiera opuesto a la aprobación de los ERES falsos en la Junta de Andalucía cuando ella era consejera a las órdenes del condenado Griñán y se defraudaron más de 680 millones de euros. Nunca dijo: “Me opongo” y ahora le parece gracioso utilizar este término para dirigirse a Alberto Nuñez Feijóo

El adjetivo “pícaro” parece que está pensando en la figura política de la ministra que es campeona en utilizar argumentos de “dudosa” veracidad como arma política. Basta recordar cuando en un mitin en la ciudad andaluza de Ronda llegó a afirmar que el Partido Popular tenía una conducta “negacionista y obstruccionista”, y lo afirmó olvidando ella misma negó la existencia de los ERES fraudulentos y obstruyó todo lo que pudo la recuperación del dinero defraudado.

Habrá que recordar a la ministra “pícara” su actitud pasiva ante la defraudación del dinero de los parados andaluces, ya que se negó a solicitar la restitución del dinero defraudado siendo su obligación como consejera de Hacienda de la Junta de Andalucía.

La ministra Montero es una “lazarilla” más de la Moncloa, que sigue las indicaciones del “líder máximo” que es Pedro Sánchez.

Es decir, no se opuso a que se aprobaran los ERES falsos, no se opuso a que se negara a la Justicia la documentación que se requería a la Junta para poder investigar el mayor fraude de fondos públicos de la historia de España, y se negó a que dicho dinero se les devolviera a los andaluces. Puro “negacionismo y obstrucción” que nos ha costado a todos los españoles 680 millones de euros.

La ministra Montero es una “lazarilla” más de la Moncloa, que sigue las indicaciones del “líder máximo” que es Pedro Sánchez. No olvidemos, que se ha puesto de manifiesto en múltiples ocasiones, ya que Google registra ocho millones de resultados cuando se busca la frase “rectificaciones de Sánchez”; cinco millones, si se busca “contradicciones de Sánchez”, y quince millones si se busca “Sánchez y mentira”.  Esta simple estadística refleja lo que la gente de la calle opina del autodenominado “gobierno de la gente”. Por eso, muchos pensamos que “el Lazarillo de Tormes” se sentiría muy cómodo trabajando en la Moncloa.