la mirilla
Zapatero, perejil de todas las salsas corruptas sanchistas

Zapatero, en la última reunión de la Alianza de Civilizaciones
Durante años, José Luis Rodríguez Zapatero fue presentado como una especie de conciencia moral de la izquierda española. El político más dialogante. La solidaridad personificada. El hombre tranquilo. El gran mediador internacional.
Ahora, el decorado empieza a moverse. Las informaciones, investigaciones y sospechas que rodean al expresidente son demasiado graves como para despacharlas con el viejo manual del “todo es una campaña de la derecha”.
Plus Ultra. Venezuela. Comisiones. Empresarios detenidos. Sociedades opacas. Muchas sombras juntas.
Y, sobre todo, demasiado silencio alrededor. Porque aquí ya no está en juego únicamente si hubo o no responsabilidades penales. Eso deberán determinarlo los jueces.
Lo verdaderamente inquietante es otra cosa. La degradación del poder cuando deja de verse como servicio público y empieza a entenderse como una red permanente de influencia, relaciones y negocios.
Y ahí aparece el verdadero problema para Pedro Sánchez. Porque Zapatero no es un socialista retirado. Es uno de los grandes arquitectos políticos y estratégicos del actual sanchismo. Su sombra aparece detrás de demasiadas decisiones, muchos pactos y la mayoría de los movimientos de estos años.
Por eso este asunto inquieta tanto en La Moncloa. Porque cuando las sospechas empiezan a rodear a quienes susurran al oído del poder… el problema deja de ser individual. Es sistémico.
Y entonces ocurre algo muy peligroso para cualquier Gobierno. Que el olor ya no afecta solo a una persona. Empieza a impregnarlo todo. Ábalos, Koldo, el hermano, la esposa, ZP…
A.M. BEAUMONT