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La última trampa de Sánchez: los Presupuestos como propaganda electoral

Su cálculo es cínico y transparente: presentar un programa de promesas imposibles de cumplir, dejar que la oposición y sus socios las tumben, y luego recorrer España gritando que “la derecha y los independentistas impiden gobernar”

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno y líder del PSOE, Pedro Sánchez.EUROPA PRESS

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Pedro Sánchez ha vuelto a las andadas. Esta vez con un techo de gasto récord de 226.032 millones de euros para los Presupuestos de 2027, un 6,6 % más que el anterior y el más alto de la democracia. Lo presenta como el pistoletazo de salida de unas cuentas “ultraexpansivas” y “sociales”, con énfasis en vivienda y gasto público sin precedentes. La realidad es más sencilla y más grave: no son presupuestos, son propaganda electoral.

Sánchez sabe que estas cuentas nacen muertas. La aritmética parlamentaria las condenará al rechazo, como ha ocurrido con todos los intentos anteriores de esta legislatura. Por eso las lanza ahora, en julio de 2026, con la vista puesta en las elecciones de 2027. Su cálculo es cínico y transparente: presentar un programa de promesas imposibles de cumplir, dejar que la oposición y sus socios las tumben, y luego recorrer España gritando que “la derecha y los independentistas impiden gobernar”. El rechazo se convierte así en su mejor argumento de campaña.

Es la enésima trampa del mismo presidente que ha gobernado tres años y medio con los Presupuestos de 2023 prorrogados, sin presentar ni aprobar unas cuentas nuevas. Ahora, sin fondos europeos que tapen los agujeros, anuncia el mayor aumento de gasto de la legislatura “a pulmón” del Estado. Mientras presume de déficit y deuda a la baja —gracias al crecimiento y a la recaudación, no al control del gasto—, prepara el relato victimista perfecto: “esto es lo que queríamos hacer y no nos dejan”.

Los españoles ya conocen el guion. Sánchez convierte las instituciones en un escenario de campaña permanente. Los Presupuestos dejan de ser un instrumento de gobierno para convertirse en un cartel electoral disfrazado de responsabilidad fiscal. Es la última jugada de un líder acorralado por la corrupción, la parálisis legislativa y el desgaste, que prefiere degradar la democracia antes que rendir cuentas.

Esta vez no cuela. Los españoles ya han visto demasiadas veces cómo Sánchez promete presupuestos que nunca llegan y luego culpa a todos menos a sí mismo. La última trampa tiene fecha de caducidad: las urnas.

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