| 26 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Imágenes de los bomberos de Castellón luchando contra las llamas
Imágenes de los bomberos de Castellón luchando contra las llamas

El vídeo de los bomberos apagando el incendio de Castellón que hiela la sangre

El “clip”, publicado por los propios efectivos forestales, muestra hasta qué punto se juegan la vida por apagar un fuego que, en muchas ocasiones, resulta indiferente para los políticos

| Mr. Meme Opinión

Esta semana, decenas de incendios han sido declarados en los montes y parques forestales del territorio nacional. Fuegos que en buena parte acaban descontrolados y afectando a zonas pobladas, provocando desalojos, desaparición de casas, cosechas y empresas cuando el fuego llega a ellas. 

Detrás de todos estos incendios hay dos causas: la primera, la humana. Que un indecente y enfermizo pirómano arrase con kilómetros de masa forestal porque le ha dado la gana es, cuanto menos, repugnante. La segunda causa, menos habitual en esta temporada, es la natural. Que las altas temperaturas provoquen incendios que se acaban descontrolando. 

Sin embargo, en ambos casos hay un patrón que se repite: el descontrol de las llamas. Y no solo por el viento que pueda soplar en una determinada zona, sino por la mala situación de los montes. Todos los habitantes de los pueblos afectados por estos incendios, tanto los de la Comunidad Valenciana como los de Cataluña, Andalucía, Castilla y León o Galicia, llegan a la misma conclusión: estos fuegos se descontrolan porque no está cuidado el monte. 

En un principio, esto podría parecer una temeridad derivada de la falta de previsión o inversión de los gobierno autonómicos, de los que depende la política de prevención de incendios y la inversión en efectivos. Sin embargo, detrás de todo ello, que afecta negativamente a los montes si no se invierte como es debido, hay algo peor: la normativa ecológica que impide a los ciudadanos mantener el monte limpio. 

Y es que el Gobierno central, empeñado en querer limitar, controlar y prohibir todo, ha puesto freno a la quema de rastrojos, a las labores de limpieza de los vecinos en sus propios montes talando ciertas especies de árboles y añadiendo cortafuegos. Elementos que antes eran esenciales para controlar las llamas cuando éstas se iniciaban y que ahora, al no existir, no se frenan de ningún modo. 

Por ello, los incendios son cada vez peores: porque falta regulación que no prohiba a los vecinos proteger sus montes. Y por eso ahora vemos cómo los bomberos de Castellón, en un vídeo publicado por ellos mismos, se juegan la vida de una manera tan espectacular por fuegos que están fuera de control con una causa común en el fondo del asunto: la regulaciones sin sentido del Gobierno central. Solo queda pedir que se tomen medidas sensatas y agradecer a los efectivos por sus labores, por jugarse la vida por el bien de todos y por desempeñar sus funciones de una manera tan honesta y valiente.