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Inés Arrimadas

La OPA de Casado a Arrimadas para absorber Cs se extenderá a toda España

La incorporación de Lorena Roldán en Cataluña no es un hecho aislado, sino el primer paso de una operación de calado que puede empezar a reunificar el centroderecha.

| Antonio Martín Beaumont Opinión

 

Ciudadanos, su proyecto, se mueve zarandeado por las vacilaciones. Quizá sea un lugar común decir que la formación va a la deriva, pero define bien su estado. Los naranjas son víctimas de la forma con la que Inés Arrimadas maneja el timón, buscando convencer a un sector muy concreto de la “opinión publicada”, el de los periodistas más acogedores al tacticismo, a costa de alejarse con sus decisiones de su votante clásico.

Salvo alguna brillante excepción como por ejemplo Toni Cantó, persona con las ideas bien claras, sus  dirigentes muestran cada día lo desnortados que están. Van como pollo sin cabeza tapando rotos.

Por ejemplo, todo parece indicar que su empeño machacón en abrazarse a la fría bisagra lleva sin remisión a una debacle histórica en las próximas elecciones catalanas. Lo que está en juego no es ganar o perder algunos votos, cuestión siempre asumible, sino la propia supervivencia del partido. La huida de Lorena Roldán para presentarse junto a Alejandro Fernández en las listas del PP de Cataluña es otra señal que marca el camino hacia la última estación de la descomposición, sin vuelta.

No puede circunscribirse el episodio Roldán solamente a una venganza personal tras haber sido apartada por Arrimadas, después de ganar las primarias en Cs, para entregar la candidatura a Carlos Carrizosa, más afín a la lideresa.

El simbolismo de ese salto representa  la apertura de las puertas populares a todos los descontentos con la dirección naranja. Una “Opa hostil”, llegó a bautizarlo el entorno de Arrimadas. El número tres del partido, Carlos Cuadrado, usó esa misma denominación en una conversación telefónica con el secretario general del PP, Teodoro García Egea, quien sorteó los reproches recordándole la espantada del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, a sus filas.

Las cosas han cambiado tanto que ahora en Génova se frotan las manos. En el cuartel general de Pablo Casado aspiran a comerse los restos naranjas. Cataluña es sólo el principio. La misma operación se extenderá por el resto de España. Cargos de Cs a lo largo y ancho del país meditan hoy cuándo toman la decisión de Roldán.

De momento no hay elecciones a la vista, pero los movimientos irán produciéndose según avancen los meses. Se verá el aguante de Arrimadas. No lo tiene fácil.  El temor se extiende entre quienes rodean a la jefa de las menguantes filas. Resistir parece ser el único objetivo. ¿Eso es todo? Porque Arrimadas necesita mucho más si quiere sobrevivir políticamente.