| 26 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Nadia Calviño
Nadia Calviño

No somos tontos

Es necesaria una verdadera fiscalización de los fondos europeos para evitar episodios como el polémico rescate de la aerolínea Plus Ultra

| Fernando de Rosa Opinión

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En los últimos días hemos podido escuchar y leer un intercambio de frases entre miembros del gobierno y de los partidos que sostienen a la coalición social-comunista. Entre las frases más memorables se encuentran las que se han dicho la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el exvicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, con motivo de la crisis de Ucrania. Este último ha dicho que la ministra  cree que “la gente es tonta” y esta le ha contestado a Iglesias que su problema reside en que tiene “mucho tiempo libre”.

Muchos ciudadanos pensamos que el gobierno se divide en dos bloques, uno conformado por los ministros que piensan que la gente es tonta y que tragaremos con lo que sea, y otro bloque en el que se encuentran los ministros que tienen demasiado tiempo libre y por eso nadie sabe realmente lo que hacen.

De los ministros que no sabemos lo que hacen por tener mucho tiempo libre nos vienen a la memoria algunos, pero de los que tenemos que hablar fundamentalmente son de los que nos toman por tontos por el colapso económico que están causando.

Como alumna destacada de este grupo se encuentra la vicepresidenta Calviño que, en plena subida de los precios y de caída económica, aún se empeña en declarar en entrevistas televisivas que “todo indica que España será uno de los motores de crecimiento económico el año 2022”.

La ejecución de los fondos europeos se está convirtiendo en el mayor fiasco económico desde el derroche del dinero público llevado a cabo por Pedro Solbes con el “plan E” de Zapatero

Realmente piensa “que la gente es tonta”, pero los que no están para tonterías son las autoridades económicas europeas que cada vez se dan más cuenta que lo que necesita la vicepresidenta es más “tiempo libre”, pero en su casa, ya que está convirtiendo la ejecución de los fondos europeos en el mayor fiasco económico desde el derroche del dinero público llevado a cabo por Pedro Solbes con el “plan E” de Zapatero.

Las crónicas periodísticas ya describen la preocupación del gobierno ante la denuncia llevada a Europa por el Partido Popular para que se investigue  la “red clientelar” tejida por Nadia Calviño para favorecer los intereses de la Moncloa.

La ineficaz gestión de la vicepresidenta se arrastra desde 2021 en el que se detectó el incumplimiento del 58% de la ejecución de las ayudas europeas, así como que las empresas españolas solamente han recibido menos del 7% de los fondos europeos, es decir, 1.500 millones de los 22.800 millones que el ejecutivo tiene autorizado.

La fiscalización de los fondos

Desde autoridades financieras independientes se exige a Calviño la agilización de los procesos y la eliminación de trabas burocráticas, aparte de más transparencia y una verdadera fiscalización en que se gasta el dinero. Pero la vicepresidenta sigue creyendo que “la gente es tonta” y no se da cuenta de su errática gestión que sin duda acabará ante los tribunales de justicia por la denuncia, no solamente de la oposición, sino de miles de autónomos y empresarios que exigirán saber cómo y a quién se está distribuyendo el dinero público europeo.

Es necesario la creación de una autoridad independiente para el control y la fiscalización de los fondos europeos y así poder hacer un seguimiento de la ejecución los mismos, evitando que ocurran de nuevo episodios tan lamentables como el rescate de la compañía Plus Ultra que está siendo investigado judicialmente y que peritos independientes han afirmado en sede judicial que dicha compañía no cumplía los requisitos para el rescate.

La vicepresidenta Calviño necesita tiempo libre para escribir sus memorias en las que explique cómo se puede malgastar un prestigio profesional por seguir la senda de engaños iniciada por Pedro Sánchez, y por eso, debe descansar fuera del gobierno, porque como dice la famosa canción del grupo Ketama: “No estamos locos que sabemos lo que queremos”, y los españoles queremos que no nos engañen, porque “no somos tontos”.