| 06 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Déjame en paz ( que no quiero que me salves)

El feminismo bien entendido debe aspirar a la igualdad y no a reproducir a la contra las conductas propias del machismo

| Ely del Valle Opinión

 

Con un déjame en paz empieza una canción de Victor Manuel en la que reivindica el derecho a equivocarse él solito antes de que nadie le tutele. Ese “Déjame en paz” bien podría convertirse hoy en el himno reivindicativo de muchas mujeres frente a los despropósitos de una ministra de Igualdad completamente desnortada a la que, desde hace mucho tiempo – demasiado– se le está yendo lo del feminismo de las manos. 

Exigir, aunque después se haya rectificado, la retirada de un cartel en el que aparece el dibujo– bastante naíf, dicho de paso– de alguien en biquini, mientras que su ministerio se queda impasible ante una campaña que pretende enseñar a masturbarse a niños de tres años, es simplemente demencial; insistir en defender una ley que ya ha rebajado la condena a cuarenta y tres condenados por agresiones, violaciones y abusos sexuales en vez de reconocer la metedura de pata, denota una soberbia impropia de una servidora pública, y tachar al colectivo judicial de machista cuando, por aplicar la rebaja de la pena que contempla esa misma ley, a estas horas está en la calle un profesor que abusó de dos menores, machos por más señas, no tiene medio pase. Eso por no decir que ponerse a lloriquear como una plañidera cuando pretenden descalificarte mentándote al marido, denota una debilidad más propia de una damisela del siglo XIX que de una mujer hecha y derecha capaz de plantarle cara a cualquiera se le ponga por delante.

Lo que está haciendo Irene Montero no es defendernos sino hacernos un flaco favor aplicando una censura absurda de la que creíamos habernos desprendido hace casi medio siglo. No se puede exigir la retirada de un cartel con medio cuerpo humano (y sin sexo definido que se vea, por cierto) y, al mismo tiempo, poner en marcha la famosa campaña playera de “El verano también es nuestro” y aplaudir a las Femen cuando enseñan las tetas, sin trasladar a esos machistas a los que queremos combatir la imagen de que las mujeres somos una especie de desquiciadas empeñadas en aplicar el arre o el so sin ningún criterio y dependiendo de si el viento lo sopla Eolo o Dogoda 

No estaría de más que alguien le recordara a doña Irene que el objetivo que debe perseguir el feminismo bien entendido es el de la igualdad que da nombre a su ministerio y no el de convertirnos a las mujeres en un calco de quienes han utilizado el machismo como arma de opresión, o lo que es aun peor: en profetas y ejecutoras de un talibanismo impropio de una sociedad que aspira, o eso espero, a que todos, hombres y mujeres, seamos por encima de cualquier otra cosa, personas. Ni más, ni menos.