| 03 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Abascal y Casado
Abascal y Casado

La gran oportunidad de Casado... y Abascal

El derramamiento de "sangre" en el centroderecha ha comenzado a pararse y, pese al ruido, dibuja un escenario distinto que inquieta en Moncloa: hay razones para ese temor.

| Antonio R. Naranjo Opinión

Para entender lo que ha ocurrido en el centroderecha en las últimas 48 horas hay que ignorar un poco el titular grueso, ahorrarse el regate corto y no dedicar demasiadas energías al intento ramplón de algunos de evitar Elecciones en Madrid o de juzgar si había o no más o menos razones para mociones de censura en cascada en Murcia, Madrid o Castilla y León.

Ante esto último, la respuesta es no, en todo caso: que Ciudadanos alegue que se ha colado un señor, o cuarenta, en Murcia a vacunarse para echarse en brazos del PSOE de los 100.000 muertos de la pandemia, la mayor ruina económica del mundo y la peor combinación de trampas, mentiras, opacidad y errores que se recuerda… es simplemente insólito. 

Lo que ayer empezamos a ver es algo de mucho mayor calado y más positivo para esos millones de españoles que no quieren ni en pintura la coalición nacionalpopulista de Sánchez, Iglesias, Junqueras y Otegi pero ven, desesperados, cómo la fragmentación en tres siglas del centroderecha ha provocado que, incluso teniendo más votos que la izquierda, no haya alternativa y Pedro Sánchez pueda comportarse como una mezcla de Atila y Adenauer.

 

Porque asistimos, si se ponen las luces largas, al primer paso de la reunificación del centroderecha, clave para derrotar a la coalición de PSOE, Podemos, ERC y Bildu. Una alianza sustentada antes en el interés que en el amor; en el negocio que en el acuerdo; de alma sucia pero de larga vida por delante: nada une más que el poder. Y ahora lo tienen.

Dos partidos en el centroderecha pueden ganar al PSOE. Tres era imposible. Y uno se ha borrado de una partida que acaba de comenzar y será larga y sucia

Esa reunificación podía haberse hecho antes de las Elecciones y tal vez  no sería presidente el candidato con menos votos propios de la historia democrática de España. Pero no se hizo por lo civil… y se ha empezado a hacer por lo criminal: con traumas, derramamiento de sangre y mucho ruido… pero se ha empezado a hacer. 

Ciudadanos se borró del centroderecha y dejó ese espacio al PP, en el vano intento de robarle algún voto al PSOE para, a continuación, presentarse de nuevo como el centro liberal cuando PP y VOX inevitablemente se entiendan: un cálculo osado, con casi todos los cartuchos retóricos ya agotados y la sensación de que una desesperada Arrimadas ha renunciado a aplicarse la máxima del almirante Méndez Núñez y al final se quedará sin honra... y sin barcos.

En este flanco, por mucho funambulismo que quiera hacer Ciudadanos, ya solo quedan el PP y VOX. Y la apuesta moderada de Pablo Casado, incomprendida por muchos, tiene ahora sentido: ¿Dónde creen que puede ir buena parte del voto del partido fundando por un Albert Rivera más cercano a incorporarse al PP que a intentar resucitar su criatura? Al PP. ¿Y con quién pactará VOX, aunque ahora la tensión algo artificial contra Santiago Abascal lo desmienta, llegado el caso? Sí, con el PP también. 

 

Todo eso lo ha provocado Arrimadas, quizá porque si se quedaba donde estaba no iba a ningún lado… y si se movía tampoco.  Y la otra persona que lo ha provocado es Isabel Díaz Ayuso, con una decisión audaz y comprensible. 

Sorprende que la izquierda, que lleva queriéndola echar desde el principio y asegura que los madrileños no la soportan, se niegue ahora a dejarles votar y elegir, presas del miedo a que esa inquina a Ayuso esté en sus discursos pero no en . Y que hagan trampas para intentar evitar la convocatoria electoral, solo sirve para darle aún más la razón a Ayuso con la decisión tomada. 

Que todos éstos digan que no está bien convocar a las urnas cuando en 24 horas se han presentado mociones de censura en Murcia, Madrid y Castilla y León, es casi cómico. Y que lo digan partidos como el de Sánchez, que ha obligado a hacer Elecciones Generales cuatro veces en cinco años, mueve a la risa. 

Moncloa no se quedará quieta

El PP ha reaccionado, pues, a una deriva que dura años: la de un PSOE que pacta con todo, aunque sea Bildu; la de un Gobierno que criminaliza los pactos con VOX, hábilmente callado en estas horas, y maneja a su antojo a Ciudadanos para hacer inviable la alternativa y eterna la frustración de millones de españoles deseosos de volver a la España razonable de no hace tanto. 

Ahora la hay, aunque a alguno le cueste verla. Pero la hay. Porque dos partidos en el centroderecha pueden ganar al PSOE. Tres era imposible. Y uno se ha borrado de una partida que acaba de comenzar y tendrá, con seguridad, una respuesta política en Moncloa y tal vez judicial si los populares no ponen pie en pared y evitan el asalto al CGPJ en marcha.