21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
Pablo Iglesias
Pablo Iglesias

El crepúsculo de los dioses

| Fernando de Rosa Opinión

 

En agosto de 1950 fue el estreno de una gran película que marcó toda una época, el Crepúsculo de los Dioses. Película que narra la historia de una antigua estrella de cine que fue incapaz de aceptar que sus días de gloria habían acabado  y soñaba con su retorno triunfal a la gran pantalla.

Totalmente ajena a la realidad la protagonista insiste en caer en la tragedia y en la violencia. Este thriller puede servir para hacer un paralelismo con la trayectoria política de Pablo Iglesias y la ideología de Unidas-Podemos.

 La verdad desnuda es que después del 15M, muchos de los dirigentes podemitas  que auspiciaban que duraría veinte años su movimiento neocomunista, ahora están en plena depresión al ver desmoronarse su asalto a los cielos y que su  trasnochada ideología que nació  buscando la confrontación y la fractura social, está condenada a desaparecer en una sociedad democrática.

Pablo Iglesias ha estado interpretando el papel del la protagonista del crepúsculo, convirtiéndose en  la figura que se escondía en la mansión muda del comunismo trasnochado y decrépito para intentar que ese guion de película muda, dijera algo. Los principios y valores que ha querido resucitar están totalmente en quiebra.

 

Iglesias desde que comenzó en política ha querido acallar la voz de la libertad y la democracia, de igual manera que sus referentes políticos Chávez y Maduro. Su objetivo siempre ha sido convertir la vida de los españoles en una película muda en la que el Estado escribiera el guion y los ciudadanos no tuvieran nada que decir. Ese siempre ha sido el objetivo del comunismo: justificar la violencia contra el contrario creando el principio de que hay una violencia admisible si con eso se destruye al disidente.

La violencia, el enfrentamiento y el odio no tiene cabida en España, por eso Pablo Iglesias ha terminado no teniendo cabida en la democracia

Su paso por la vicepresidencia ha sido estéril en la gestión pero fértil en la propaganda, sobre todo creando una peligrosa forma nueva de política nunca vista en España, señalando a los periodistas y atacando la libertad de expresión. El comunismo no admite guiones diferentes al que escribe el partido, por eso no le importó abandonar a los ancianos en los momentos más duros de la pandemia y tampoco se esforzó en trabajar por los más desfavorecidos.  

Como buen comunista se convirtió en casta al poco de llegar al poder. Como la protagonista de la película, se refugió en su mansión dando la espalda a los ciudadanos , viviendo en su mundo virtual haciendo lo que tantas veces había criticado en sus programas de televisión, redes sociales y “púlpitos” universitarios.

Pablo Iglesias fracasó como vicepresidente del Gobierno, y ha fracasado como candidato de Unidas- Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Su campaña ha sido bronca, tensa y llena de insultos al adversario. Comenzó fomentando la violencia contra otros partidos políticos, quiso desenterrar el frente popular de los años treinta, creó “la alarma  antifascista” , utilizó las amenazas recibidas para criminalizar a la derecha, sin darse cuenta que estaba representando una película decadente  en blanco y negro que nada tiene que ver con la película de múltiples colores en la que se ha convertido Madrid.

Adiós, Pablo

El líder comunista buscará su “puerta giratoria” gracias a la cual  intentar volver a la propaganda rancia y querer asaltar los cielos esta vez desde Galapagar en vez de Vallecas. Sin darse cuenta que como en la película citada, sus días de gloria han pasado y su retorno triunfal solo existe en su imaginación.

Siempre se ha creído un dios, pero tenía los pies de barro. La democracia se construye con los pilares sólidos de la palabra y el diálogo. La violencia, el enfrentamiento y el odio no tiene cabida en España, por eso Pablo Iglesias ha terminado no teniendo cabida en la democracia española del siglo XXI.