| 24 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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¡Cómo está el servicio!

Montero, Echenique y Belarra son la muestra de que el caciquismo no desaparece sino que se transforma, y que los nuevos “señoritos” se encuentran bien instalados en la izquierda comunista.

| Fernando de Rosa Opinión

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En el año 1968 se estrenó la película española, dirigida por Mariano Ozores, llamada ¡Cómo está el servicio!, basada en la obra homónima del gran dramaturgo Alfonso Paso. Las escenas de Gracita Morales diciendo: “¡señorito!” son icónicas de nuestro cine.

Está obra ya clásica del cine español, me viene a la cabeza cuando leo las andanzas de la ministra Irene Montero tratando de ocultar en los juzgados, cómo utilizaba a afiliadas de Podemos como servicio de niñeras de sus hijos pagadas con dinero público.

El juez Juan José Escalonilla está tirando del hilo de la madeja para averiguar si una empleada de prensa de Podemos, llamada Gara Santana, se encargaba en 2018 de cuidar a los hijos de la ministra de Igualdad y del que era vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias. Así lo afirma la exescolta de la ministra que ha llegado a sostener en sede judicial que era obligada a ir a recoger a la periodista a su casa para trasladarla al chalet de Galapagar para el cuidado de los niños y que esta le manifestaba “que estaba cansada del trabajo de cuidadora”.

Este caso se une a la investigación llevada a cabo por dicho juez, sobre si la militante de Podemos, Teresa Arévalo, se encargaba del cuidado de los niños de la pareja Iglesias-Montero recibiendo sueldo público de 51.496 € anuales. No sabemos si cada vez que cuidaban a los niños lo hacían atendiendo la “perspectiva de género” con la que la ministra considera que hay que contratar en las empresas, o si las órdenes que daba a su exescolta se pueden relacionar con el “heteropatriarcado” machista de la sociedad que explota a la mujer.

Montero dispone de 14 asesores que cuestan 901.283€

El caso de las niñeras del ministerio de Igualdad se une al escándalo que hemos conocido a través del Portal de Transparencia, sobre los 14 asesores y asesoras que tiene la ministra, lo cual supone un gasto de 901.283 € de dinero público. Tanto personal eventual nombrado a dedo, unido a las “niñeras” ministeriales, nos hace pensar si la ministra se planteaba los problemas que tenía con el servicio doméstico.

Podemos es un partido que no tiene claro el Estatuto de los Trabajadores y las funciones de los derechos laborales, no solamente por la investigación sobre el uso de personas pagadas con dinero público para fines privados, sino también la utilización de dinero negro para pagar a los trabajadores, como en el caso de Echenique que fue condenado por un juzgado de Zaragoza por tener a un asistente personal sin contrato y sin pagar a la Seguridad Social, todo en plan “señorito” como decía en la película referida, la gran actriz Gracita Morales.

Lo vergonzoso es que el portavoz podemita ha llegado a decir en el Congreso de los Diputados, sin que tuviera vergüenza alguna, que gracias a su partido “la reforma laboral nefasta del PP se había acabado”.

Montero, Echenique y Belarra son la muestra de que el caciquismo no desaparece sino que se transforma, y que los nuevos “señoritos” se encuentran bien instalados en la izquierda comunista española

Pero los problemas de Podemos con los contratos y nombramientos no acaban en los problemas de Irene Montero con sus niñeras, o de Echenique con su asistente, sino que también la Sala Tercera del Tribunal Supremo ha  anulado el nombramiento del director general de Derechos de las Personas con Discapacidad, dependiente del ministerio de Ione Belarra por no motivar su nombramiento, llegando a decir la sentencia que la ministra cuando designa al director general “emplea muchas palabras para decir muy poco”.

Montero, Echenique y Belarra son la muestra de que el caciquismo no desaparece sino que se transforma, y que los nuevos “señoritos” se encuentran bien instalados en la izquierda comunista española. Así pues cuando son pillados contratando en negro, explotando a  niñeras o nombrando cargos sin justificar, seguro que les viene a la cabeza la frase: ¡cómo está el servicio!