| 15 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Miquel Iceta
Pedro Sánchez y Miquel Iceta

El PSOE y la España desvertebrada

El autor, portavoz adjunto de Ciudadanos en el Parlamento de Andalucía, diserta sobre el pernicioso plan del Gobierno en Cataluña y su impacto en toda España.

| Fran Carrillo (*) Opinión

 

La España desvertebrada, ay, es el sueño balcánico de todo prócer separatista, que en su húmeda sedición, se atreve a deslegitimar y golpear las instituciones del Estado sin que el Estado reaccione. O al menos, una parte de él. Sumiso y rendido al delincuente, se deja atar las manos mientras este le dice que mañana volverá a pasar por el mismo sitio, a la misma hora, para atracarle de nuevo.

Cada día que los sediciosos indultados pasean sus sonrisas procesadas por la calle y no por la cárcel, se reafirma el bucle populista de quien ha hecho de la Moncloa el búnker mediocre de su despotismo

Donde se desvertebra la nación, se vertebra al mismo tiempo la lógica narrativa que explica el buenismo de alcanzar tamaña infamia. La alteración del más mínimo sentido lingüístico en el Gobierno más retórico y vacuo de la democracia, provoca en el ciudadano el desánimo.

 

La España desvertebrada exige una España amansada y no rebelada, un ejército de fieles a las siglas y al despropósito que asuman el desafuero jurídico como norma básica de convivencia, el perdón al delincuente como convivencia sabia para la reinserción, la corrupción bajo sospecha como normalidad democrática magnánima. Todo en orden para alterar el orden -constitucional-.

Y mientras la masa duerme el sueño de los justos, esperando el árnica subvencionada para agradecer al socialismo que exista y dirija nuestras vidas, la España de libres e iguales, de convivencia entre distintos, deja paso a una ensalada federal donde se competirá en privilegios y en la calidad del café selecto. Entre aquel Plan Ibarretxe y este Plan Junqueras hay una gran diferencia: entonces no hubo un Estado ni un Parlamento rendido. El PSOE aún sabía encontrar la palabra decencia en el diccionario. 

Pero la vida y la política, mientras la ordenen gerifaltes de puño en alto, será una huida constante hacia utopías de barro. La izquierda capitalista que gobierna necesita socialismo en la calle y en las urnas para seguir explotando su inconsecuencia vital.

En el plan de Sánchez y su amigo Iceta, muñidor de tripartitos, está la descomposición de España en un aquelarre federaloide

Es lo que hay desde que liberales y conservadores abdicaron hace un siglo de guerrear cultural e ideológicamente la propaganda siniestra gramsciana. La gestión es la trampa que socialismo y comunismo dejaron a la derecha mientras iban fabricando ciudadanos perfectos, capaces de defender naciones con muros antes que sociedades libres. 

Sánchez, prosigo, ha vendido España a sus enemigos con el dinero que saquea a los españoles. Por eso, un día ensalza a Negrín, que fue expulsado como él del PSOE y que, como él, sólo concebía una España de izquierdas, y al otro replica, en su provecta senda autoritaria, a Largo Caballero, al que sigue sin haber leído nunca lo que defendió.

La traición perpetua

Ni largo ni caballero, el Lenin patrio fue ese hombre que arrimó su hombro a la dictadura primorriverista, eligió ser bastón de comunistas y sediciosos en 1934 y la historia lo reconoce como uno de los articuladores que facilitó la caída de una República hundida en el cadalso de los extremos que la izquierda inició y supo continuar. Sánchez es al PSOE lo que el PSOE ha sido a España: felonía pura, máscara permanente, traición perpetua. 

La única salida al conflicto con el separatismo parásito y faccioso no es la claudicación ante el sedicioso, sino empoderar al demócrata, que no está en los socios sanchistas, sino en sus víctimas. El plan no es arrodillarse, sino encarar sin complejos al delincuente y recordarle, que en un Estado de Derecho, quien delinque, la paga. Este es el mensaje a trasladar. Día tras noche.

El mejor relato es el que tiene al parné como principal mensaje. Sin presupuesto, el nacionalismo es nada. Con presupuesto (y poder, y prestigio, como defendió Cayetana Álvarez de Toledo hace unos días en una tribuna) el constitucionalismo será lo que quiera que sea. Y eso, en la Cataluña elitista, pija y mimada del nacionalismo perverso, es decirlo todo. 

 

Dudo que suceda. Porque en el plan de Sánchez y su amigo Iceta, muñidor de tripartitos, está la descomposición de España en un aquelarre federaloide que puedan controlar desde su nihilismo de marketing y guapura. Prefieren seguir a Todorov en su defensa de la alteridad comprendida, aunque el otro sea un bárbaro al que hay que combatir pero no temer.

Balcanizar España es la salida a su permanencia, la solución a mantener el poder: el socialismo, sea con siglas o en ausencia de ellas, siempre fue esto: el manejo a toda costa de los resortes de mando. Y después de Cataluña, vendrán otros, otras y otres a pedir que el Estado se arrodille. Quizá para entonces, a la masa, por fin rebelada, ya no le quede nación que defender.