| 01 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Rajoy sigue haciéndose la misma pregunta sobre Sánchez desde el 20-D.
Rajoy sigue haciéndose la misma pregunta sobre Sánchez desde el 20-D.

¿Sánchez no dimite?

Dos días después de las elecciones el líder del PP se reunió en una comida de alto nivel donde habló poco. Pero una duda enorme sí que tiene en mente sobre el dirigente del PSOE.

| Antonio Martín Beaumont Opinión

El escenario tras las elecciones generales ocupó buena parte de las conversaciones en el almuerzo que Mariano Rajoy compartió el pasado 22 de diciembre con los presidentes del Congreso, Jesús Posada, del Senado, Pío García Escudero, del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, y del Supremo, Carlos Lesmes. El presidente del Gobierno, como en todas las citas de más de tres personas, habló poco. Eso sí, la opinión de los comensales pareció unánime: los socialistas no van a permitir la investidura con su abstención. Por lo que todo desembocará de nuevo en las urnas.

La posibilidad de que el PSOE forje una alianza con Podemos pasa por la renuncia expresa de la formación morada a un referéndum de autodeterminación en Cataluña… y ninguno de los allí presentes lo vio factible. Igualmente se expresaron las pegas de una repetición electoral: “Al cansancio propio que genera en el votante tal número de convocatorias y campañas encadenadas, con la más que previsible caída de la participación, se une el desgaste de los mensajes y de la capacidad de arrastre de los candidatos”.

En el transcurso de esa comida, según me cuentan, Rajoy se centró sobre todo en el análisis pormenorizado de los resultados. Y muy primordialmente mostró una enorme sorpresa, expresada en la pregunta: “¿Cómo es posible que Pedro Sánchez no haya dimitido?”

Para el presidente no tiene sentido que Sánchez aguante al frente del PSOE habiendo roto el suelo del partido y caído hasta los 89 escaños

Para el presidente no tiene sentido que Sánchez aguante al frente del PSOE habiendo roto el suelo del partido y caído hasta los 89 escaños, el nivel más bajo que ha alcanzado jamás. Esto, a los ojos de Mariano Rajoy, debía haber llevado al líder socialista a “tirar la toalla” para dar paso a otros. O, mejor dicho, a otra: a Susana Díaz.

El progresivo descenso por el que caminan las siglas centenarias del PSOE bajo la batuta de Pedro Sánchez es consecuencia de su pérdida de peso entre las grandes clases medias urbanas. Esto no es nuevo, claro. El abandono de un discurso nacional moderado y la renuncia a su identidad y con ello a la centralidad condena lógicamente al socialismo, si quiere aspirar al poder, a la fórmula de un tripartito al estilo portugués o incluso de un tetra o pentapartito.

Ante esa tozuda realidad, el proceso de investidura que ahora se abre no permite a Mariano Rajoy hacerse demasiadas ilusiones. Sólo puede sentarse a esperar a ver si el secretario general socialista comprende que la política, más allá de cuestiones personales, es el arte de hacer lo posible. Y  lo imposible para el PSOE es volver a introducirse en unas elecciones en las que Podemos terminaría dándole la puntilla.