| 03 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

Miedo

Miedo, enriquecimiento y corrupción son las tres caras de una misma realidad sanchista, pero no en sus significados convencionales, sino como reflejo de una nueva forma de hacer política

| Fernando de Rosa Opinión

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Tres son las palabras que definen al Pedro Sánchez de finales del año 2022 y comienzo de 2023. En primer lugar, está el término “enriquecimiento”, palabra clave de las reformas que está planificando Pedro Sánchez para poder mantenerse en la Moncloa los meses que quedan antes de las elecciones generales e intentar mantener la misma mayoría para la siguiente legislatura.

La segunda palabra clave es “corrupción”. Así pues, estoy de acuerdo con el dramaturgo francés Georges Bernanos que llegó a afirmar que “el primer signo de la corrupción en una sociedad es que el fin justifica los medios”, y dicha frase es aplicable a la política que está realizando el presidente del gobierno en estos últimos días del presente año.

 

La tercera palabra es “miedo” y así, el escritor John Steinbeck afirma que “el poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder”. Nunca el ansia de poder ha convertido su ejercicio en un miedo constante a su pérdida como en el caso de Pedro Sánchez.

Así pues, “miedo, enriquecimiento y corrupción” son las tres caras de una misma realidad sanchista, pero no en sus significados convencionales, sino como reflejo de una nueva forma de hacer política hasta ahora inédita en la historia democrática española.

Suárez ejerció el poder para consolidar la democracia en España. Calvo Sotelo para hacer una Transición tranquila hacia la alternancia en el poder que se avecinaba en las elecciones de 1982. Felipe González utilizó el poder para que el socialismo fuera el gran partido reformista que modernizó las estructuras del Estado. Aznar posibilitó las reformas para convertir a España en una economía competitiva. Zapatero supo comprender  su destino y tuvo la honestidad de convocar elecciones para permitir la llegada de un nuevo gobierno que quisiera y supiera hacer frente a la crisis económica. Y Rajoy supo aplicar medidas quirúrgicas a una España en coma aún a costa de su supervivencia política.

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Ahora nos encontramos con una nueva especie política: Pedro Sánchez, que ejerce el poder con el único propósito de vengarse de aquellos que lo echaron de la secretaría general del PSOE, su verdadero trauma político.

El presidente del gobierno utiliza el miedo propio y ajeno de verse fuera del poder, para mantenerse en la Moncloa y para ello no duda en corromper con dicho miedo tanto al contrario como al aliado, prometiendo un enriquecimiento político a cambio del apoyo. En este caso, la corrupción y el enriquecimiento no son económicos, ni tan siquiera políticos, son de autosatisfacción personal. Quieren estar y seguir en el poder haciendo todo lo posible para que no se produzca la alternancia.

Esta actitud prevalece, aunque suponga corromper la calidad democrática española porque les guía un enriquecimiento puramente de su vanidad, y para ello tienen que imponer el miedo a perder el poder.

Quieren pasar a la historia, como ha reconocido el propio Pedro Sánchez, pero no por el mismo motivo que sus antecesores, sino porque simplemente quieren pasar a la historia por sus gestos y para ello tienen que reescribirla

El conglomerado que nos gobierna sabe que lo único que les une es que están convencidos que solamente tienen esta oportunidad para ejercer la vanidad del poder y tienen miedo a perderlo, no porque les impediría hacer política, sino porque sería su fracaso personal.

Quieren pasar a la historia, como ha reconocido el propio Pedro Sánchez, pero no por el mismo motivo que sus antecesores, sino porque simplemente quieren pasar a la historia por sus gestos y para ello tienen que reescribirla, desde la ocupación del Tribunal Constitucional y desde el sometimiento del Poder Judicial, porque saben que estos dos órganos constitucionales son los notarios de la realidad, los que verdaderamente van a describir como ha sido su gobierno y cual es la herencia que dejarán a las próximas generaciones.

Mientras reescriben la historia con su historia, tienen la urgente necesidad de seguir pedaleando sin caerse, porque una caída supondrá su fracaso, y para ello han descubierto sus tres palabras mágicas: miedo, corrupción y enriquecimiento.

Miedo para paralizar la crítica interna y externa; corrupción para comprar las ambiciones internas y externas; y por último prometer que el enriquecimiento no es económico sino pasar a la historia, aunque sea de cualquier manera.