13 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La inmortalidad del ser humano, a la vuelta de la esquina

Científicos de todo el mundo se vuelcan en la neurotecnología para acabar con enfermedades como el Alzheimer

| Ely del Valle Opinión

El cerebro es un órgano maravilloso del que lo desconocemos prácticamente todo. No lo digo yo, que al fin y al cabo sé del tema más bien nada; lo dice una eminencia como Rafael Yuste, neurobiólogo, experto en neurotecnología y uno de los impulsores del proyecto Brain, la mayor investigación del mundo sobre el cerebro. Poco o nada sabemos del por qué del Alzheimer, o de la esquizofrenia, o de la depresión.

Nuestra mente es un ecosistema en el que interactúan, solo en el cerebelo, cien mil millones de neuronas, que viene a ser algo así como la mitad de estrellas que hay en nuestra galaxia. Una locura, que intentan descifrar científicos como el doctor Yuste en busca de respuestas que quizá no estén muy lejos. Sabemos que soñamos pero no exactamente por qué y para qué; sabemos que esos miles de millones de neuronas se conectan, se relacionan, se mandan y reciben órdenes unas de otras pero carecemos de la información definitiva de cómo lo hacen o por qué, en un momento dado, dejan de hacerlo o desbarran impartiendo consignas que nos autodestruyen.La inmortalidad nos llegará a golpe de volcado en un ordenador de la información de nuestro cerebro"

Somos seres maravillosos intentando entender qué nos hace funcionar; relojes extraordinarios queriendo desentrañar nuestro mecanismo desde las propias limitaciones que este nos impone con el objetivo de evitar las averías y, en definitiva, buscando esa, todavía, utopía que es la inmortalidad y que, aunque algunos no quieran reconocerlo, es el fin último de una tecnología que seguramente convertirá al actual ser humano en el eslabón entre el mono y el cyborg.

La inmortalidad dependerá del volcado en un ordenador de la información que tenemos en el cerebro

Hubo un tiempo en que ese deseo de trascender a la muerte se fiaba a la permanencia de un cuerpo sano capaz de pasar por encima de las enfermedades y del deterioro que estas conllevan. Nacía así el sueño de la criogénesisy la famosa leyenda urbana de un Walt Disney congelado como un vulgar producto Pescanova a la espera de una ciencia milagrosa que consiguiera devolverlo a la vida con el remedio al mal que se la había arrebatado. Hoy ya sabemos que los besos de príncipes azules son solo cosa de cuentos y que esa anhelada inmortalidad, de llegar algún día, lo hará de la mano de la tecnología. O lo que es lo mismo: de un volcado de toda la información de nuestro aún desconocido cerebro a un ordenador que, a su vez, lo transmitirá a un cerebro positrónico colocado en un cuerpo artificial. Por desgracia o con suerte, vaya usted a saber, es muy probable que los que ahora estamos, no lleguemos a tiempo de formar parte de ese nuevo paso que añadirá otro personaje más a esa famosa “Marcha del proceso evolutivo” que popularizó en 1965 el ilustrador Rudolph Zallinger y que muestra los pasos que hemos dado desde el Pliopithecus, de hace 22 millones de años hasta lo que somos hoy en día; pero lo que si parece estar cada día más claro es que con lo que llegaremos a saber de aquí a unas cuantas decenas de años, ese personaje, llámenlo robot, ciberhumano o X será el pasaporte de la raza humana hacia el infinito y más allá… Y no, no me he tomado ningún psicotrópico como tentempié.