| 19 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado, en Valencia
Pablo Casado, en Valencia

Trienio negro

El autor contrapone las decisiones regresivas de Sánchez a los compromisos esperanzadores de Casado y perfila las consecuencias de la gestión actual del Gobierno de España.

| Fernando de Rosa Opinión

 

El discurso de Pablo Casado en la plaza de toros de Valencia el domingo pasado, fue un verdadero contrato social con los españoles. Nunca el compromiso de la palabra dada ha sonado con más fuerza en un acto político desde el “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez. En ambos casos, el compromiso de regeneración política, social y económica ha sido el mensaje que ha dado esperanzas a muchos ciudadanos.

Pablo Casado ha logrado emocionar con su brillante discurso de 60 minutos, no solamente a las 12.000 personas que abarrotaban la plaza de toros de Valencia y sus alrededores, sino también a los millones de españoles que anhelamos un cambio.

Fue un discurso que hablaba de personas, de recuperar libertades y sobre todo, de alejar los enfrentamientos de hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, creyentes y no creyentes, ricos y pobres.  Con fuerza aseguró que lo importante es ser personas con las mismas obligaciones y derechos, sin distinción del lugar donde hemos nacido.

 

Somos muchos los que sentimos que la libertad se encuentra en regresión en nuestro país, por lo que escuchar que hay esperanza de cambio tras un trienio negro en la política española, ha sido como una bocanada de aire fresco que ha impregnado los corazones de jóvenes y mayores, hombres y mujeres, trabajadores, emprendedores, autónomos, empresarios, funcionarios, agricultores, ganaderos y pensionistas.

Solamente saber que existe un compromiso de derogar las leyes de este trienio negro, que se han aprobado con la única intención de enfrentar a los españoles, creando por vía del BOE ciudadanos buenos y malos es reconfortante.

Sobre todo, es tranquilizador saber que la libertad entrará en la educación con la derogación de la ley Celaá, que destruye el esfuerzo y hace desaparecer el castellano como lengua común, devolviendo el derecho a los padres para decidir la educación de sus hijos. Pasará a la historia de este trienio negro la frase de la ministra de mal recuerdo: “los hijos no son de los padres”.

Somos muchos los que sentimos que la libertad se encuentra en regresión, por lo que escuchar que hay esperanza de cambio tras un trienio negro ha sido una bocanada de aire fresco

Saber que se va a derogar la política de la muerte, sustituyendo la muerte como solución del problema con leyes de tratamientos paliativos, supone una verdadera alternativa al programa de la izquierda basada en la destrucción de la persona sin darle esperanza alguna.

Derogar las leyes sectarias de Irene Montero que destruyen la presunción de inocencia y fomentan la lucha de sexos, es fundamental. Pero, sobre todo, es necesario una alternativa de lucha contra la violencia de género basada en la ley y no en la ideología.

El compromiso de Pablo Casado de devolver el gobierno de los jueces a los propios jueces, garantizando de una vez por todas la independencia de la Justicia, es algo fundamental para garantizar la libertad en España. Nunca ha sido tan importante que se cumpla el mandato de Europa, porque es la única manera de cumplir con la Constitución.

Los castigos de Sánchez

La esperanza ha sobrepasado el propio acto de la plaza de toros de Valencia al desgranar el presidente Casado toda una enmienda a la totalidad de la política económica de este trienio negro socialista y comunista, con una bajada histórica de los impuestos, cambiar la política de subvención por la de estímulos fiscales.

No se puede castigar al ahorro, al autónomo, al emprendedor y a los que están en el paro, con recetas que ya han sido rechazadas en la mayor parte de los países de Europa, porque aumentar impuestos para no crear empleo sino únicamente crear subsidiados y estructuras burocráticas estériles, va contra la dignidad de los trabajadores y desincentiva a aquellos que desean progresar con su esfuerzo.

Libertad económica, educativa, judicial, sanitaria, de empresa, fiscal, de opción de vida es necesaria en España. Por eso el domingo pasado en la plaza de toros de Valencia comenzó el cambio, se acabó el gobierno negro de Sánchez.