| 21 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Tribunales Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía
Visitantes intentando acariciar a una niña negra, en un zoo humano de Bélgica en 1958
Visitantes intentando acariciar a una niña negra, en un zoo humano de Bélgica en 1958

Cuando Bélgica hacía zoológicos humanos

Mientras jueces belgas ponen en cuarentena la solvencia de las cárceles españolas, viene a la memoria una costumbre que en Bruselas alcanzó el clímax: zoológicos humanos para 'aborígenes'.

| R.R. Opinión

En 1958, miles de personas se movilizaron en Bélgica para disfrutar de un espectáculo único: un zoológico. Lo que le hacía distinto, y escalofriante a ojos del presente, es que allí no se exhibían chimpancés ni tigres ni cualquiera de los animales que pueblan habitualmente estas instalaciones.

No, en las jaulas había humanos, de raza negra a más señas, procedentes de las colonias en las que el país cuya Justicia -no el Gobierno-  ahora se pregunta por cómo se respetan los derechos humanos en España, a cuento de Puigdemont, aún tenía ascendencia.

Era un espectáculo dantesco, con familias enteras de peregrinación a recintos donde se daba de comer a los involuntarios invitados, como si fueran monos esperando un plátano o un puñado de cacahuetes. 

 

 

No fue hace tanto, y no fue único. Hace algo más de medio siglo, la Bélgica que interroga a España sobre la calidad de sus cárceles, antes de firmar la extradición del expresident Puigdemont, presumía y vendía la indecorosa atracción, similar a otras que llegaron a hacerse en media Europa, especialmente en Francia o Alemania.

41 millones de visitas

Pero en ningún lugar como en Bruselas, actual capital de la Unión Europea, el fenómeno alcanzó cotas tan increíbles. No sólo se abrieron zoos; incluso se celebró una especie de Exposición Universal para mostrar al mundo lo pintoresco de sus involuntarios inquilinos.

 

 

El racismo como espectáculo nunca llegó tan lejos. Ni sedujo a tanta gente: las crónicas de la época hablan de 41 de millones de visitantes a los 'jardines de aclimatación' de familias enteras de negros enviados desde el Congo y otros rincones africanos.

En el Retiro

Las gacetillas del siglo XIX indican que en Madrid se organizó, en el Reriro en concreto, una muestra parecida con "caníbales australianos" como principal atracción. No hay huella de más espectáculos tan denigrantes que recorrieron Europa desde la fría Suiza hasta la cálida España.

Pero en ninguno de ellos el clímax inhumano se acercó al expuesto en Bruselas, para tranquilidad de un Puigdemont protegido allí, bien es cierto, pero también aquí, pese a los clichés belgas: la cárcel de Estremera, posible destino del padrino de la independencia, es un hotel de cinco estrellas al lado de los cuchitriles infectos que, hace ya mucho es verdad, Bélgica reservaba para seres humanos considerados inferiores.