| 02 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe y Pedro Sánchez, en un encuentro en Mallorca en 2019
El Rey Felipe y Pedro Sánchez, en un encuentro en Mallorca en 2019

El nuevo “relato” de Pedro Sánchez: abrazarse como sea a Felipe VI

Todo empieza y termina en él y con él: Sánchez es capaz de asociarse con Bildu y, a la vez, intentar abrazarse a Felipe VI porque le conviene para no parecer un radical.

| Antonio Martín Beaumont Opinión

 

 

Los estrategas de Pedro Sánchez han visto la luz. Otro “relato” sale calentito de su sala de máquinas. La crisis abierta por las andanzas nada ejemplares de Don Juan Carlos es una ocasión para el “reseteo”. Los tratos para “atar” los Presupuestos con secesionistas y bilduetarras deben difuminarse. Ahora se trata de situar “al líder” en la centralidad.

Y qué mejor manera de hacerlo que ligándose a la figura de Don Felipe. El nuevo guion de La Moncloa consiste en presentar a Sánchez como garante de la estabilidad de la Monarquía parlamentaria. Un nuevo giro con el que el presidente asume velozmente, como seña de identidad, el compromiso con la Constitución frente a quienes le han declarado la guerra. Sobre todo, Podemos, su socio de coalición, lanzado a acabar con la Transición del 78. 

 

Ante el serio “estropicio” en la relación del jefe del Estado con su padre, y con Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey, ejerciendo como apagafuegos, Sánchez cree haber encontrado la tecla precisa. Sabiéndose buen controlador de la escena mediática, se trataría de anclarse en posiciones que trasladen a la opinión pública la imagen de un político ocupado en la estabilidad institucional.

¿Las malas compañías del pasado? Cuestión de memes, del ruido de “las derechas”. Él es bien capaz de ofrecer con agilidad una cara y su contraria. Pero ¿cuál es la verdadera? La marcarán las circunstancias. Posibilismo. Realpolitik, según los textos clásicos.

El brillo del poder sanchista se basa en esos mismos pilares: él, él y además él. Aunque los “daños colaterales” sean el deterioro apresurado de la vida pública

Al igual que la coctelera táctica le llevó a enfundarse el traje de izquierdas, puño en alto, para regresar al liderazgo del PSOE; después, a venderse como centrista y moderado, incluso patriótico, con tal de llegar al poder; y más tarde, a marcar el paso radical junto a Pablo Iglesias, Gabriel Rufián y Arnaldo Otegi... ahora toca abrir el “nuevo tiempo”.

Abrazarse a don Felipe

A sus ojos, las piezas siempre se antojan esparcidas sobre un tablero cambiante. Seguramente a sus giros copernicanos ayudan unas laxas convicciones políticas. El brillo del poder sanchista se basa en esos mismos pilares: él, él y además él. Aunque los “daños colaterales” sean el deterioro apresurado de la vida pública y de instituciones como la propia Monarquía o la separación de poderes. 

El entorno presidencial reconoce incluso que la cercanía al Rey agria la relación con sus costaleros. Y no le preocupa. Es un coste perfectamente asumible en este momento. La doctrina que sale de la trastienda monclovita es ahora inequívoca: “A Sánchez le conviene hoy abrazarse a Felipe VI”.