| 27 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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La victoria de Macron retrata a Iglesias

Pablo Iglesias ha quedado retratado con su actitud con Le Pen y su silencio ante Maduro. Callado ante sátrapas y ultras mientras sostiene una campaña contra España.

| El Semanal Digital Opinión

 

La rotunda victoria de Macron en las presidenciales francesas es una espléndida noticia para el conjunto de Europa, que no hubiera podido soportar el problema añadido al Brexit que hubiera supuesto el acceso de la eurófoba Le Pen a la presidencia de la República. Aunque el nuevo presidente se enfrentará a problemas profundos por la doble certeza de que alcanza los Campos Elíseos con votos prestados de quien desde hoy vuelven a ser sus rivales y de que no dispone aún de un partido propio bien implantado; su meteórico triunfo es un alivio y también una oportunidad para demostrar que, entre el inmovilismo y la ruptura populista, hay un camino intermedio de reformas que todos los partidos -empezando por los tradicionales- pueden y deben recorrer también.

Macron retrata a la 'nueva política' como nadie: populistas de toda laya que callan con Maduro y con Le Pen

Pero además, Macron retrata a la perfección a una parte nada desdeñable de la 'nueva política' europea, empezando por la española. Y en concreto, por la formación que más complaciente es a la hora de concederse a sí misma esa etiqueta. La indignante equidistancia de Podemos entre Macron y Le Pen, casi idéntica a la de Melenchon, ha sido en la práctica un apoyo implícito a la dirigente de Frente Nacional, por mucho que en el último momento y entre eufemismos algunos responsables del partido de Iglesias -desde Monedero a Echenique- hayan lanzado discretos mensajes contra una genérica "ultraderecha" que ni siquiera citaban por su nombre a Le Pen.

En realidad, el mensaje de la lideresa ultra y el de Podemos son tan similares que no es de extrañar la dificultad del partido neocomunista para distanciarse de unas siglas con las que, muy a menudo, coincide en votaciones en el Parlamento Europeo: ambas se dicen representantes únicas de "la gente", reniegan del euro, apuestan por una autarquía antigloblalización y consideran a Europa la síntesis de todos los problemas nacionales y no el comienzo de la solución de cada uno de ellos. Sólo el discurso sobre la inmigración, muy matizado además por Le Pen en su caótica campaña, distingue significativamente a ambas formaciones, cuya esencia se resume en una única condición calcada: su populismo atroz, esa pseudoideología propagandística que apela en exclusiva a las emociones.

 

 

Macron ha retratado, pues, a Pablo Iglesias, cuya fotografía también se condensa en el segundo silencio mantenido en estos días, aún más clamoroso, con respecto a la situación de represión totalitaria y hambruna en Venezuela. Frente a quienes insisten en que juzgar a Iglesias y a Podemos apelando a otros países en un recurso demagógico e improcedente, prevalece la certeza de que no hay mejor manera de juzgar la escala de valores de cualquier representante político que aplicarla a cualquiera de los escenarios que nos rodea.

Precisamente para Podemos, que técnicamente no se juega nada ni en Francia ni en Venezuela, debiera ser especialmente sencillo ponerse en el lado correcto, que no es otro que cualquiera que esté contra el sátrapa Maduro o a favor del aislamiento de Le Pen. Lo llamativo no es que en España se reproche a Pablo Iglesias y su guardia pretoriana lo que ocurre en Caracas o en París, sino que a ellos les cueste tanto acabar con esa polémica por el elemental procedimiento de situarse frente a los radicales de distinto pelaje ideológico y al lado de quienes, simplemente, están con la democracia.

Iglesias se calla con la represión de Maduro y es equidistante con Le Pen, mientras aquí exige un nuevo régimen

El contraste entre el melodramático discurso de Iglesias sobre España, presentada como un régimen corrupto, ladrón y oligárquico que hay que refundar, por supuesto con él al frente; y su escandaloso silencio donde ese mismo fenómeno sí esta implantado y reprime al pueblo, es cualquier cosa menos un asunto menor: ahí Podemos se retrata a sí mismo, defendiendo el asalto a un Congreso democrático como el nuestro mientras se pone de perfil con el Golpe de Estado que su padrino venezolano perpetra entre muertes, violencia, encarcelamientos y represión.

Y que sea imposible distinguir si algunas de las frases políticas más rotundas de las últimas semanas hayan salido de la boca de Le Pen o de Iglesias también cierra el círculo y pone a cada formación política en su sitio: el de Podemos está más cerca del Frente Nacional y del chavismo que de la democracia liberal que en España se desarrolla a través de una monarquía parlamentaria y en Francia a través de una sólida República. Dos sistemas idénticos en lo sustantivo que han querido derribar populistas con distinto disfraz y que Macron, entre otros, ha sabido frenar. España puede y debe aprender esa lección, y le será más sencillo si no pone al frente del PSOE a un Benoit Hamon o a un Jeremy Corbin, tan respaldados por sus menguantes bases como ignorados por la ciudadanía.