06 de Marzo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez.

El Gobierno que más calienta

Para tener futuro como país próspero, nuevo Gobierno. Y a poder ser uno que más que calentarnos la cabeza nos haga el favor de calentarnos el corazón y el estómago.

| Liusivaya Opinión

 

Hace poco Pedro Sánchez anunciaba sonriente el nuevo reto que nos tocará afrontar a nivel nacional por la cuenta que nos trae: La España que nos merecemos. Las fechas que aparecían justo debajo del título más que irradiar esperanza causaban preocupación: 2021-2026. ¡Con dos mandatos! Y habrán tirado por lo bajo…

Cada vez que escribo sobre el Gobierno y sus interminables hazañas imaginativas e imaginarias no puedo evitar el hacer paralelismos con mi propia existencia algo estrambótica en medio de la nada. Vivir en el campo al igual que estar gobernados por socialistas da para muchos artículos. Benditas fuentes de inspiración a la desesperada. Las fincas rústicas son el mejor símil del Gobierno de España: todos los días pasan cosas y al final son tantas las cosas que suceden que una aprende a convivir con fallos del sistema constantes.

El campo, al igual que el Gobierno, te hace inmune a todo golpe de desgracia

Hoy es la luz, mañana el agua. El campo, al igual que el Gobierno, te hace inmune a todo a golpe de desgracia. Hoy subimos los impuestos y pactamos con Otegi, mañana nos inventamos un comité de expertos para la desescalada y pasado nos dedicamos a mover inmigrantes por la península como si de sacos con grano de tratase: 20 para Valencia, 50 para Granada. Y no se alarma nadie. Y no sucede nada.

Ayer mismo me quedé sin agua caliente. El termo de mi casa decidió dejar de proporcionármela en un triste intento de parecerse al Salvador Illa de turno. El primero negocia con agua caliente, dejándome sin ninguna esperanza de tener una tarde tranquila hasta antes de terminar de instalar a su recién adquirido homólogo.

El segundo hace lo propio con una infinidad de cosas de primera necesidad: desde las compras de material sanitario que estuvo muchos meses en un desesperante déficit hasta los nombres de los famosos, aunque no se sabe aún si del todo reales, expertos del comité que tiene toda la pinta de haber existido únicamente en las cabezas gubernamentales y algún que otro tuit institucional.

La única diferencia entre mi termo y el Gobierno del país es la causa de su mal funcionamiento. En el caso de mi amigo con resistencia la culpa la tiene el agua de pozo que es demasiado dura para que ningún aparato pueda aguantarla sin fastidiarse durante más de seis meses. En el caso de nuestro Gobierno sin coherencia la culpa también reside en la dureza, aunque esta vez ésta está más bien en la dureza de las caras de los fenómenos que lo conforman.

La solución, sin embargo, es en ambos casos la misma. Para tener futuro como ser aseado, nuevo termo. Y para tener futuro como país próspero, nuevo Gobierno. Y a poder ser uno que más que calentarnos la cabeza nos haga el favor de calentarnos el corazón y el estómago.