16 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Fernando Grande-Marlaska

Marlaska, el ministro de Interior encorvado ante Sánchez

El ministro no ha respetado el “honor de la Guardia Civil”, pero lo que me pregunto es si ha sido para sumar puntos ante el Presidente del Gobierno, o no la ha respetado nunca.

| Fernando de Rosa Opinión

 

Fernando Grande Marlaska debería leer más a Martin Luther King, sobre todo, reflexionar  su famosa frase: “Nadie nos  puede subir encima si no encorvamos la espalda”. Efectivamente, el Ministro del Interior ha encorvado su espalda para que su líder supremo, Pedro Sánchez, le suba encima y le humille ante toda España.

Sus decisiones son cada vez más cuestionadas y lo está alejando de esa aureola de credibilidad que tenía cuando empezó como Ministro del Interior en el gobierno socialista el 7 de junio de 2018.

El  magistrado que entró en la política tras pasar por el CGPJ y teniendo una trayectoria judicial ampliamente reconocida, tanto dentro como fuera de la carrera judicial, ha asumido un papel en la política diseñada por la Moncloa que le va a acompañar durante el resto de su trayectoria, tanto si se extiende por el ámbito político como en el judicial.

 

El último episodio ha sido la sentencia sobre el cese del coronel Pérez de los Cobos, que ha declarado que el ministro-juez actuó de forma arbitraria y contraviniendo las normativa administrativa para el nombramiento y cese de cargos de confianza, dejando claro que el ministro actuó al margen de la normativa y la jurisprudencia.

No voy a valorar si hubo delito de prevaricación o no porque estoy convencido de que los tribunales se pronunciarán, pero lo que sí espero es que reflexione sobre si puede continuar ejerciendo el mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. El cese de un subordinado porque no cumple una orden ilegal debe  avergonzar a cualquier superior que la tome, pero debe inhabilitar cuando es un político-juez el que la toma.

Verdaderamente el ministro Marlaska no ha respetado el “honor de la Guardia Civil”, pero lo que me pregunto es si esa falta de respeto ha sido para sumar puntos ante el Presidente del Gobierno, o no la ha respetado nunca en su fuero interno cuando instruía causas judiciales y encomendaba la investigación a la benemérita y le ordenaba que aseguraran el secreto judicial frente a las presiones de terceros.

Muchos nos hemos sentido reconfortados al leer la sentencia que restituye el honor del coronel Pérez de los Cobos

Ha quedado claro en la sentencia que el ministro presionó al coronel para que le desvelara la investigación judicial que se estaba instruyendo y que afectaba al gobierno socialista, a sabiendas de que no podía hacerlo porque su obligación era garantizar el secreto del sumario.

Lo más grave es llegar a pensar que si considera que el secreto del sumario puede ser vulnerado por orden de un superior, cómo habrá protegido el secreto en otras ocasiones. Es decir, si ha sido la primera vez o han existido otras veces. Esa duda le acompañará en el futuro sea cual sea la dirección profesional que tome.

El desprecio

La Guardia Civil se compone de profesionales que han dado, dan y sin duda darán, su vida por el imperio de la ley, y no se merecen el trato que han recibido en la persona del coronel Pérez de los Cobos, porque cualquier miembro del cuerpo hubiera actuado de la misma manera, por eso ha causado tanta indignación cómo fue tratado en su cese y cómo fue tratado en su comparecencia en el Congreso de los Diputados.

Recibió insultos y desprecio por parte de la fuerzas políticas que han hecho de su figura un símbolo a abatir por su integridad en defensa de la Constitución, tanto en el golpe de Estado del 1 de octubre en Cataluña, o al negarse a obedecer una orden contraria a la ley.

Muchos nos hemos sentido reconfortados al leer la sentencia que restituye el honor del coronel, pero estamos expectantes ante qué decisión adoptará Marlaska, si optará por seguir humillado ante su superior, el Presidente del Gobierno, o por recuperar su dignidad, porque por mucho que se tenga vocación política, la mejor posición es estar de pie y no encorvado de por vida.