25 de Enero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado, en su balance de fin de año

El "Plan Casado" para derrotar la alianza antisistema encabezada por Sánchez

El presidente del PP tiene un año muy complejo por delante, tanto como España y el propio Gobierno, desbordado por cinco crisis que no resuelve y agrava.

| Antonio Martín Beaumont Opinión

 

La configuración de una alternativa de Gobierno siempre exige dar pasos adelante. Pablo Casado, en su tarea como jefe del principal partido de la Oposición, se antoja como la única posibilidad de frenar las derivas de un Pedro Sánchez que va de mal en peor, con cinco crisis encadenadas cebándose con España: el drama sanitario que refuerza el desastre social y económico, y todos ellos cabalgando a marchas forzadas, en un contexto tan extremadamente delicado, sobre una crisis institucional y política.

El año que encara el gabinete de coalición de Sánchez con Pablo Iglesias no sólo se presenta adverso para el bienestar de la ciudadanía, sino que es igual de trascendente, y tal vez de más compleja solución, en lo que se refiere a las bases democráticas para la convivencia entre los españoles.

En su balance de fin de año, Casado describió la conducta del presidente como cargada de mentira, incompetencia y arrogancia. En su cabeza probablemente retumbaba su particular experiencia con el líder socialista, que ha desatendido todas y cada una de sus manos tendidas. Se lo he oído decir en numerosas ocasiones al entorno del mandatario del PP: “Sánchez es un maniobrero y Pablo no sabe jugar sobre ese tablero”.

Negro horizonte en Moncloa

El inquilino de La Moncloa se encamina hacia un horizonte perturbador. Tuvo en su mano dirigirse hacia la centralidad, pero ha optado por la radicalidad, dando alas a unos costaleros sectarios cuyo objetivo último pasa por la voladura del “régimen del 78”.

A Sánchez debería inquietarle lo envalentonados que están sus compañeros de viaje; al menos, lo suficiente como para ponerles coto. Suya es la obligación de rectificar y de tomar la iniciativa para recuperar el diálogo con la oposición.

Casado debe contraponer un proyecto de futuro, capaz de convertir de nuevo su partido en casa común para una amplia mayoría de españoles

Sin embargo, Casado tiene interiorizado que las intenciones del presidente van por los derroteros ya emprendidos: arrinconar al PP. El líder popular y sus colaboradores han comprendido perfectamente el proceso agónico con el que el Gobierno pretende diluirles en medio de la refriega. La estrategia monclovita no preludia nada bueno para un próximo año con tantos retos para España. Al contrario.

Naturalmente, el jefe de filas del Partido Popular no va a renunciar en ningún caso a los principios que guían su acción. Hizo lo correcto en su comparecencia desde la calle Génova, reiterando su oferta de consenso en temas de Estado a pesar de que los acontecimientos se disparan en la peor dirección posible.

Pero no por ello dejó de descubrir los flancos del Ejecutivo. “Éste ha sido un año horribilis y, además, ha coincidido con el peor Gobierno de nuestra historia democrática”, resumió. Todo bajo el prisma de una coyuntura a todas luces peligrosa, la más delicada desde el inicio de nuestra etapa democrática. Si Sánchez no rectifica -y ningún gesto lleva pensar que vaya a hacerlo- e intenta recuperar acuerdos, suya únicamente será la responsabilidad.

 

Pablo Casado ya ha fijado posición, asentando sus siglas como la única fuerza nacional de referencia para el centro-derecha. También para aquellos que desde posiciones moderadas en la izquierda asisten con escándalo a la carrera ideologizada hasta el extremo de Sánchez.

Ese es el propósito perseguido por un líder que, al frente de la oposición, va a tener ante sí en 2021 una tarea muy enredada. Abandonando esa obsesión por los sondeos que evidenciaba hasta no hace demasiado tiempo, debe hacer frente a un Gobierno que amenaza con ahondar más todavía en la división de los españoles. Y contraponerle un proyecto de futuro, aún en el tintero, capaz de convertir de nuevo su partido en casa común para una amplia mayoría de españoles.