05 de Abril de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Soraya ha desatado la euforia entre los detractores de Rajoy.

La normalidad de Soraya desata la euforia entre los enemigos de Rajoy

Los que gustan de menoscabar la imagen del presidente del Gobierno han descubierto una mina de oro en la persona de la vicepresidenta, pero la estrategia de Génova está muy medida.

| Antonio Martín Beaumont Opinión

La aparición en las calles de Madrid, con el comienzo oficial de la campaña, de la fotografía de Soraya Sáenz de Santamaría en los carteles, añadido a que sea la elegida por el jefe de campaña del PP, Jorge Moragas, para representarles en el debate a cuatro que organiza Atresmedia, ha desatado la euforia entre quienes buscan la forma de menoscabar a Mariano Rajoy.

“En el PP esconden a Rajoy y ponen a Soraya porque saben que no tendrá dificultades para pactar con Albert Rivera”, salía “sotto voce” de las cocinas de Ferraz. El PSOE busca hacer triple diana: acrecentar la imagen de presidente ausente de Mariano Rajoy, con la que tanto ha jugado Pedro Sánchez en su oposición; sembrar la cizaña interna en la familia popular; y, también, mandar el recado a antiguos votantes socialistas que dudan si votar a Ciudadanos de que apoyar al partido naranja es tanto como votar al PP.

Lógicamente el Partido Popular no está para entretenerse en debates sucesorios. Además, los tiene muy reglados estatutariamente. Ni toca, ni nadie en el partido pone en duda el liderazgo del candidato a la Presidencia. “Las más de cincuenta personas del Comité de Campaña, te lo aseguro, sólo estamos pendientes de la victoria”. Así de rotundo se expresa telefónicamente uno de los expertos en campañas con cercanía a Moragas.

Para los estrategas genoveses tan importante es que el 20-D acudan a las urnas aquellos a quienes les gusta Rajoy como que lo hagan los que aprecian a Soraya, José María Aznar, Esperanza Aguirre, María Dolores de Cospedal o porque son del partido de toda la vida. “En definitiva, unos y otros son votos para Rajoy y para conseguirlos estamos volcados todos en el partido”, dice mi interlocutor acentuando el tono en el “todos”.

Ahora bien, tampoco ese debate que (insisto) airean primordialmente los adversarios de Mariano Rajoy perjudica las aspiraciones del PP. Veamos: una de las preocupaciones de los asesores genoveses ha sido ver que la percepción sobre el partido se escoraba a la derecha. El pasado CIS, por ejemplo, refleja que los españoles, en una tabla del 0 al 10 (siendo 0 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha), sitúan a los de Rajoy en el 8,26. Peligrosamente alejados del centro, donde mayoritariamente se ubican a sí mismos los ciudadanos.

Los estudios que maneja La Moncloa revelan que ese balanceo está provocado por las decisiones “incomodas” que se ha visto forzado a tomar el Gobierno por la crisis económica. También las críticas de los medios a la “lejanía” del Ejecutivo con los ciudadanos y su “insensibilidad social” han hecho mella. El caso es que una parte de la opinión percibe al PP como una formación antipática, de liberales “conservaduros”. Lo que tan gráficamente expresó Carlos Floriano en un vídeo: “Nos ha faltado piel”.

Sin embargo, curiosamente, Soraya Sáenz de Santamaría, por sus gestos de naturalidad mostrados a lo largo de la Legislatura (madre trabajadora que se hizo cargo del traspaso de poderes tras dar a luz, mujer joven, preparada, leal apoyo del presidente), por las bien valoradas leyes que ha impulsado (anticorrupción, buen gobierno, transparencia), así como por otras medidas que ha llevado directamente (racionalización de la Administración para reducir sus costes y ponerla al servicio de los ciudadanos), se presenta como la cara política amable y moderna que cualquier familia invitaría a su casa. La campaña de comunicación de la vicepresidenta estos años ha sido eficaz y ha resguardado su imagen. “Cuanto más aparezca Soraya más normalidad transmitimos”, concluye el experto de Génova 13. Y normalidad es sinónimo de centralidad política.

Artículo publicado en LA RAZÓN el 6 de diciembre de 2015.