| 20 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Iglesias y el Rey Felipe
Pablo Iglesias y el Rey Felipe

El histórico ridículo viral de Pablo Iglesias por querer denigrar a Felipe VI

El fundador de Podemos sale humillado como pocas veces tras una delirante intervención contra el Rey de España que exhibió su desconocimiento de la historia más elemental.

| Mr. Meme Opinión

Pablo Iglesias se ha convertido en pasto de burlas por una delirante intervención pública en la que, en tono solemne, ha dado una memorable lección de ignorancia histórica y sectarismo. Hay que escuchar varias veces sus palabras, pronunciadas en ese tono falsamente bajo con el que pretende ahora pasar por moderado, para creerse la mayúscula sandez proferida.

Según el fundador de Podemos, el Rey actual eligió llamarse Felipe VI para enlazarse con Felipe V, a quien el ahora contertulio presenta como una especie de ogro contra Cataluña, para satisfacción de ese independentismo hilarante que se inventa la historia de la Comunidad y defiende, incluso, que Cervantes, Colón o Leonardo da Vinci eran catalanes.

No es de extrañar la sorna que esa intervención, entre cursi y analfabeta, ha suscitado en las redes sociales, convertidas en una humillación pública de la que difícilmente se recuperará Iglesias, muy lenguaraz para hablar de la Corona pero, eso sí, callado como una puerta ante las escandalosas revelaciones del Pollo Carvajal sobre el dineral que él y otros "padres fundadores" se llevaron del chavismo.

 

 

El vacile al lumbreras se completa con la crítica más dura a la normalización de los ataques a la Monarquía que, no lo olvidemos, proceden de un partido de Gobierno, obligado a cumplir y hacer cumplir una Constitución que, sin embargo, se pasa por el arco del triunfo.

 

 

Sorprende que, con socios y aliados que piensan así, para Pedro Sánchez el problema de España sean Ayuso y la capitalidad de Madrid. Y escandaliza que nadie en el Gobierno, para variar, haya salido a contestar al lenguaraz Iglesias y sus distopías históricas, que siempre le llevan a ponerse del lado incorrecto de la historia. Aunque nunca le agradeceremos lo suficiente las carcajadas que nos regala.