04 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Iglesias consiguió acrecentar el ansia de poder de Sánchez.

Iglesias tentó a Sánchez con una oferta que causaría infartos entre sus barones

El líder socialista eludió el envite, pero tomó nota de la oferta de su homólogo de Podemos. Su connivencia supondría un órdago de difícil digestión interna aunque La Moncloa lo atenuaría.

| Ricardo Rodríguez Opinión

El juego de la política mueve sus piezas. Con la mirada dividida entre la gobernabilidad y una nueva vuelta electoral, se colocan fichas, modifican posiciones y enredan con la psicología del adversario en función de acontecimientos. El ligoteo con Pedro Sánchez ha vuelto a poner en danza a Pablo Iglesias para añadir más leña al tablero.

El líder del PSOE, cautivo de la endemoniada aritmética, intenta embridar al “espontáneo” de Podemos y anclarlo al calor de la alianza con Albert Rivera para traspasar de la mano la meta. Corren, sin embargo, por calles distintas y distantes. Nada quiere Iglesias con Rivera, ni Rivera desea mezclarse con Iglesias. Y Sánchez reniega de estar con Iglesias sin Rivera, pero lo ha hecho preparando el terreno de las conversaciones a tres. Así está el patio.

La escena del sofá entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez dejó altas dosis de postureo ante las cámaras, su afición por el baloncesto, manos tendidas y el intercambio de algunas cargas de profundidad, pero también, y ante todo, una discusión sobre las posibles vías para formar un Ejecutivo. Cada fórmula sobre la mesa del secretario general de los socialistas resulta un encaje de bolillos, pero le allanarían el camino a La Moncloa.

Sánchez sabe que cada fórmula es un encaje de bolillos pero le vale con tal de llegar a La Moncloa



La opción de Sánchez, claro está, es la de las tres bandas para ser investido presidente. La de Iglesias pasa por una coalición con Podemos, Compromís e IU, que necesitaría también de la abstención de Ciudadanos o, en su defecto, el respaldo del PNV y la aquiescencia de los independentistas catalanes para sacar adelante el trato. De la celebradísima cita también se sacó en limpio la necesidad de evitar una repetición de elecciones. Claro. Ninguno de los dos, ni Sánchez ni Iglesias, se han visto en una ocasión como ésta. Y puede que no haya ninguna otra.

De facto, Pablo Iglesias buscó sembrar dudas en Pedro Sánchez sobre la fiabilidad de Rivera. Según el relato de fuentes solventes a ESdiario, el jefe de los podemitas alertó de las escasas dudas que tendría C´s en dejar al PSOE en la cuneta si, en una segunda vuelta a las urnas, sumase una mayoría estable con el PP. Una eventualidad que rondaría en la mente de Sánchez. En su maniobrerismo orquestal, Iglesias ofreció convertirse en el mediador que abra la puerta de la abstención de ERC y DiL. “Tú hazte el loco y déjalo en mis manos”, le sugirió a Sánchez, a quien el Comité Federal de su partido ha impedido negociar con fuerzas independentistas.

Iglesias lleva semanas "trabajándose" a los representantes de ERC y DiL



En realidad, y aunque nadie se lo haya pedido, Pablo Iglesias, en compañía del portavoz de En Común Podem, Xavier Domènech, ha llevado desde hace semanas una particularísima ronda de contactos con sus homólogos de Democracia i Llibertat, Francesc Homs, y de Esquerra, Joan Tardá, en busca de su abstención para el PSOE. A todos ellos les une el extendido deseo de echar al Partido Popular del Poder, su verdadero programa de acción. Es la mejor carta - ¿y quizá la única? – en la bocamanga de Sánchez. Y ello aun cuando asumir ese trance supondría un órdago a los barones y sus posibilidades de salir airoso resultarían escasas.

Resulta arriesgado especular al respecto de una carambola de última hora, pero si el secretario general del PSOE concluye que su salida pasa por Podemos, morderá el anzuelo. Una vez los dados han sido echados, hay una cosa casi segura: Pedro Sánchez ha vislumbrado una posibilidad cierta de Gobierno antes que de urnas. Y la ha percibido después de citarse con Pablo Iglesias.