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Mecano en el gobierno de Sánchez

Maquilla la crueldad del abandono del administrado haciéndola pasar por respeto a su individualidad y responsabilidad

Me permitirán mis pocos y abnegados lectores que hoy opte por cierta distensión en aras de mi propia salud mental con una curiosa referencia al periodo inicial de consolidación de la transición democrática en España.

Lo cierto es que pareciera que el grupo musical Mecano, que integraron Ana Torroja -nieta del importante ingeniero civil D. Eduardo Torroja- y los hermanos José María y Nacho Cano con gran éxito entre los jóvenes entre los años 80 y 90, se incorpora a la estrategia principal de este gobierno prestando como consigna su conocida canción “Maquíllate”. Tal vez como compensación al feo que le dedicó la TVE de Mateo e Iglesias ninguneando el emotivo concierto de piano que programaron Díaz Ayuso y Almeida para las uvas de Sol, o directamente inspirados por el revival.

Este canto de cisne, este reconocimiento explícito de la sustitución de la realidad por su apariencia mercantilizada, del abandono de la acción a favor del gesto, que supone la incorporación del maquillaje profesional a la política gubernamental es, también, una declaración de impotencia y una maniobra desesperada.

Coincide con una calentamiento de las redes sociales rescatando el BOE de 4 de noviembre pasado, que publicó el enésimo Real Decreto-Ley de quienes criticaron hasta la saciedad la utilización de esta figura cuando andaban en la oposición de la que no debieran haber salido, “por el que se adoptan medidas urgentes de apoyo a entidades del Tercer Sector de Acción Social de ámbito estatal” y supuso en la práctica un chorreo de subvenciones directas a una miscelánea de beneficiarios, algunos de ellos de más que curiosos pedigrees. Y con esa carta abierta de Carlos Bravo, que en tono tan irónico como respetuoso, ha dedicado a la ministra de Defensa a propósito de
su obsesiva persecución de mandos retirados, con el divertido título “… de un psicológo octogenario a una sexagenaria solterona (valga lo peyorativo del uno por el de la otra)”, cuya lectura relajada recomiendo.

La Corona no necesita renovación alguna, una trampa más de Sánchez como se apresuraron a señalar reconocidos juristas

Se agradece la aclaración. Maquíllate, maquíllate. Maquilla las directivas europeas del IVA de las mascarillas y de la luz; maquilla las recomendaciones de transparencia y las advertencias contra injerencias en el poder judicial o populismos indebidos; maquilla ruedas de prensa y comparecencias, cifras y datos hasta la confusión total. Maquilla la realidad hasta hacerla coincidir con la imagen que previamente has creado. Maquilla la ineficiencia absoluta disfrazada de cautela y
prudencia. Maquilla la crueldad del abandono del administrado haciéndola pasar por respeto a su individualidad y responsabilidad. Maquíllate, maquíllate.

Han volado por el sumidero de la estupidez un cuantioso número de votantes del socialismo constitucional, y ha cundido la especie de la existencia real de más de once millones de votantes de derecha a la espera del entendimiento de sus líderes -de su generosidad más bien- para enmendar este entuerto. Ese, junto a la firme posición de la Corona, que no necesita renovación alguna -una trampa más de Sánchez como se apresuraron a señalar reconocidos juristas- es el único camino de éxito. El PSOE de Sánchez, y su gobierno, lo saben bien … y empiezan a estar muy nerviosos.

No hay directriz que se mantenga, ni plazo ni previsión que se cumplan. No hay rumbo, orden, ni concierto y, lo más grave, es que ya ni están ni se los espera. Ancha es Castilla.

El secreto peor guardado, el de la descarada candidatura de Illa a las catalanas - y en su caso un ministerio de fanfarria y comparsas para Iceta- parece que tendrá que dormir un sueño primaveral mientras, cuitadamente, su titular balbucea ocurrencias sanitarias y los chulos de ERC se enseñorean en su eventual e impostado papel de macho alfa.

Pero prevalecerá ese viejo y conocido adagio “aunque la mona se vista de seda … “. Lo que no es consuelo sino obviedad.