| 16 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez en EE UU.
Pedro Sánchez en EE UU.

Las aventuras de Pedro en el país de las maravillas

El narcisismo y la frivolidad de Sánchez se materializan en un infantil viaje al país de las maravillas en caída libre por el tubo profundo de su propia e inacabable vanidad.

El veintiséis de noviembre de 1865 el matemático y escritor conocido como Lewis Carroll publicaba la después famosísima Alice’s Adventures in Wonderland. Talvez Pedro Sánchez ha iniciado en NY  una de sus chuscas cuentas a 125 días de que se celebren 156 años de la efeméride. Tal vez también haya pensado que la fecha pudiera coincidir con la llegada de esa macrofantasía de inversión norteamericana dólar arriba o abajo del orden, ya anunciado, de los quinientos mil millones. Pese a la nula credibilidad y confianza que su gobierno despierta en el inversor extranjero.

Por el momento, sus voceros apesebrados celebran el éxito de su atractivo físico comparándolo con el famoso héroe de ficción protagonizado por el actor y activista Christopher Reeve (“EE.UU. se rinde ante la belleza de Pedro Sánchez: parece Superman” titulaba alborazado La Vanguardia). El J.F Kennedy latino, apostillan entre otras mamarrachadas algunos de sus corifeos de cuota.

Mientras tanto, su vicepresidenta segunda (que es de tercera y también de cuota) se dedica aquí a hacerle la contra en ese juego tan cansino de poli bueno y poli malo al que se entregan en el gobierno de España para luchar contra el aburrimiento, evidenciar sus propias carencias y contradicciones, y despistar al personal que anda loco entre el pan y la pandemia. Tras el éxtasis neocomunista de la “matria” -si la pilla su Stalin la corre a gorrazos- ha ido al grano: “los esperamos con los brazos abiertos para freírlos a impuestos” ha venido a decir para rematar la faena.

En eso coincide con el caradura de Ximo Puig, que incapaz de activar la economía valenciana se dedica atacar sin ton ni son a quien sí sabe hacerlo. Menudo ridículo ha hecho en Madrid ante el mundo empresarial y -como dicen en los concursos televisivos- ante toda España, con sus dos mil quinientos millones en subvenciones sin justificar.

No nos engañan Sánchez y Díaz. Se necesitan y lo saben. Sus actuaciones están orquestadas y única es la partitura. 

Recordaba mi admirado Gabriel Albiac a Emil Cioran el otro día. Y yo, con él, su Breviario de podredumbre que, traducido por Savater, encontré en mi juventud en la biblioteca de mi padre. Lejos de su ateísmo militante, comparto sin embargo su desafección por la pura existencia, que abandonó mucho antes de la muerte del clochard aquejado de Alzheimer. Una desafección que hoy se me agudiza ante la España arrasada que esta banda pretende como herencia para mis nietos.

Díaz y Sánchez son lo mismo. No nos engañan. Se necesitan y lo saben. Sus actuaciones están orquestadas y única es la partitura. Y es lo mismo Bolaños (ahora toca Primo de Rivera) que Calvo con su antidemocrática ley de memoria y su fiscalía especial para el caso. Como lo mismo es Belarra que Ribera, que con la luz por las nubes a lo mejor han pensado que lo chupi ahora es revisar el Concordato con la Santa Sede y confiscar las velas de las parroquias. Como es lo mismo Llop que Campo, con sus togas manchadas “por el barro del camino” … una ignorando dictaduras comunistas y el otro cabreao como una mona por su cese. ¡Qué espectáculo!

Harían falta dos alcaldesas para emular a Ábalos y mal lo va a tener la que lo fué de Gavá para explicar la chapuza de Plus Ultra a la juez y al parlamento. Mientras siguen a la greña con el Constitucional, con el Tribunal de Cuentas, con el Consejo del Poder Judicial y hasta con el Supremo. Todos a una, incluidas las “elucubraciones jurídicas” de Margarita Robles o las disculpas forzadas de Conde Pumpido.

La vicepresidenta segunda ha llegado el éxtasis neocomunista de la “matria” -si la pilla su Stalin la corre a gorrazos

Y en pleno quilombo gubernamental el narcisismo y la frivolidad de Sánchez se materializan en un infantil viaje al país de las maravillas en caída libre por el tubo profundo de su propia e inacabable vanidad. No ha sido llamado por la Reina de Corazones y ha evitado oír al Conejo Blanco: ¡que le corten la cabeza! Se ha paseado ufano y como un cateto por Quinta Avenida rodeado de séquito y guardaespaldas. Y ha evocado Hollywood. Sostiene que criticarle a él es criticar a España. Es un payaso.

En el cuento, Alicia despierta de su sueño acurrucada en brazos de su hermana. Vuelto a la realidad, los acogedores brazos de sus socios de gobierno y parlamento, comunistas, secesionistas y proetarras recibirán a Pedro en sus tradicionales y vergonzosas mesas petitorias.