| 29 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El periodista con un cartel de ex dirigentes del PPCV que sirvió pra ilustrar una entrevista en Soma Comunicación.
El periodista con un cartel de ex dirigentes del PPCV que sirvió pra ilustrar una entrevista en Soma Comunicación.

Embajada: Juan Nieto Ivars

Este silencio atronador chirria en mi vieja alma periodística, que no puede mantenerse en silencio.

| Fernando Ferrando Edición Valencia

 Juan Nieto Ivars ha sido condenado por la Audiencia de Valencia por haber atentado contra el honor y la intimidad de los directivos de empresa Trasgos y la imagen de la propia empresa.

Para quienes no le conozcan, Juan Nieto ha sido, junto a Loreto Ochando, el periodista de referencia de la corrupción del PP en Valencia. Durante años, Nieto ha publicado decenas de noticias implicando a políticos y amigos del Partido Popular en casos de corrupción, especialmente en todo lo que afecta a Gürtel y Taula. Antes de seguir, permítanme decir que, según ha dicho Paco Camps, son ya cerca de doscientas personas las que han estado implicadas en estos casos y cuyas causas han sido desestimadas. Dicho de otra manera, doscientas vidas inocentes heridas, profesionalmente destrozadas y económicamente arruinadas. Yo no sé si son doscientas o si son más o menos, pero conozco a más de una docena.

El objetivo de un periodista es contar la verdad dejándose la piel en su búsqueda. Y nunca debe olvidar que la peor mentira es la que más se parece a la verdad, por eso es crucial diferenciar las opiniones, ideas, creencias, etc. de la información. Después de mentir, lo peor que puede hacer un periodista es erguirse en juez de los ciudadanos, decidiendo por su cuenta, sin juicio previo alguno, quién es culpable o inocente y aplicando la sentencia en forma de adjetivos calificativos o dando una relevancia inadecuada a una noticia.

La sentencia que condena a Nieto debería incluirse en los programas de cualquier facultad de periodismo. Hace una acertada diferencia entre libertad de expresión y libertad de información. Las creencias, las opiniones, las ideas forman parte de la libertad de expresión. Pero la libertad de información exige veracidad y eso implica diferenciar las conjeturas, las opiniones y las ideas de los hechos debidamente contrastados.

La sentencia que condena a Nieto dice: “El informador debe obrar con una razonable diligencia y contrastar la noticia o información de acuerdo a pautas profesionales, ajustándose a las circunstancias en cada caso. Falta esa diligencia cuando se transmiten como hechos verdaderos simples rumores carentes de constatación o, directamente, puras y falaces invenciones.” “(…) El señor Nieto -dice la sentencia- no ha demostrado nada de lo que proclamaba. Sin reparos, ha descrito a Trasgos como socio, aliado cómplice o colaborador de la Gürtel”.

Aún dice más, que el señor Nieto empleó expresiones objetivamente injuriosas y vejatorias. “Las afirmaciones examinadas son meros juicios de valor carentes de la menor veracidad”, demoledor para cualquier periodista.

Y por si fuera poco añade: “…no explicándose esa inquina en expresar de forma gratuita, una y otra vez, imputaciones afrentosas”. Me permito aquí decir que a mi parecer los adjetivos calificativos son propios de los artículos de opinión y hay que huir de ellos cuando se dan noticias o informaciones, que como tales deben ser lo más objetivas posibles y por tanto poco compatibles con los calificativos.

Es cierto que la sentencia sólo afecta a uno de los muchos casos de corrupción que durante muchos años estuvo siguiendo Juan Nieto (el que implica a la empresa Trasgos). Pero cuando la sentencia habla de inquina, recuerdo el que a mi parecer (recalco aquí lo de a mi parecer) era un rostro de satisfacción cada vez que el señor Nieto publicaba un titular que destrozaba una vida. Si lo peor que puede hacer un periodista es mentir, lo que le sigue es considerarse un agente implicado en la salvación de la patria, en este caso de la Comunidad Valencia.

Teniendo en cuenta que hay doscientas personas con las causas desestimada, muchas de las cuales aparecieron en las noticias publicadas por Nieto, puede deducirse que su actitud en el caso que afecta a Trasgos no fue una excepción. Él obtuvo gloria dentro y fuera de Valencia, tras su pluma quedaron unas sonrisas que delataban, en mi opinión, su ego hinchado. En la otra cara de la moneda, quedaban muchas vidas deshechas y una afrenta a la noble profesión del periodismo.

Ya hace una semana que esta sentencia salió a la luz y resulta ensordecedor el silencio de los periodistas valencianos. Sólo algunos medios de comunicación, entre ellos este, han recogido la noticia. Yo escuché en su día a destacados periodistas de esta Comunidad, algunos de ellos profesores universitarios, ensalzar la figura de Juan Nieto, cuando ya había indicios para poner en tela de juicio su profesionalidad (ya había muchas sentencias de corrupción desestimadas). Ahora, este silencio atronador chirria en mi vieja alma periodística, que no puede mantenerse en silencio.

A estas alturas, el señor Nieto sigue siendo responsable de comunicación de la Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana. Mientras, los políticos y los más conspicuos periodistas valencianos, incluida la Unió de Periodistes, guardan silencio. En mi opinión (resalto aquí lo de en mi opinión) una vergüenza y un descrédito para todos ellos.

Por cierto, pese a que los hechos enjuiciados afectaban directamente al honor de Rita Barberá, el PP valenciano también calla. No sé es porque son tontos o porque siguen subidos al guindo y sin intención alguna de bajar para defender el honor de los suyos y de su partido.


Nota. La sentencia condena también al periódico El Mundo Comunidad Valenciana. En mi opinión, El Mundo cumplió con su deber: dar crédito a lo que le cuenta uno de sus redactores. Es como si en un hospital un médico comete una negligencia. Es comprensible que el afectado demande también al hospital para garantizarse el cobro de la indemnización. Pero el negligente es el médico, no el hospital.