| 16 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Carles Puigdemont, ex presidente de la Generalitat
Carles Puigdemont, ex presidente de la Generalitat

Delinquir como uso socialmente admitido

Pura fantasía y simple demagogia para cacarear impuestos a ricos y aumento de presión fiscal a empresas, que no hacen sino desmotivar la inversión.

| José María Lozano Edición Valencia

He estado tentado de titular “elogio de la delincuencia”, pero mucho me temo que esta patulea que desgobierna España se venga arriba cogiendo el rábano -¡qué ricos los de Aquarium!- por las hojas, y para qué queremos más. Lo cierto es que de Ghali a Puigdemont, del “pollo” Carvajal al diputado podemita de las rastas (no recuerdo ahora su nombre), de Hasél a Valtònyc, de González Laya a Illa o de Simón a Tezanos, no pocos nombres propios de la política y la farándula -tan equivalentes en
ocasiones- andan enredados con la justicia.

Del primero hemos sabido que entró como pedro por su casa, sin identificación creíble y acompañado por un hijo cuya autorización para hacerlo se tramitó posteriormente (qué pilla la Abogacía de Sánchez ocultando al juez la fecha de la misma). Razones humanitarias aparte, hay que ver la que se lió después y las consecuencias migratorias y políticas de la chapuza diplomática. Se ampara ahora la ex titular de exteriores, sicaria abandonada, (certera opinión sin nombrar de Pérez
Reverte) en el secreto de estado y en la debida lealtad al jefe. Veremos si resiste.

Coinciden el prófugo del maletero y el diputado cuyo currículum más sonado es la patada a un policía, en buscar refugio en una Europa desconcertada (preguntaré a Rafa Ripoll) que, tras el Brexit y la inopinada reacción de Polonia amaga con resquebrajarse y dejar a la vista la ineficiencia de su mastodóntica estructura burocrática, mientras soslaya el grave ninguneo de Biden y esconde sus propios errores en la gestión de la pandemia. Veremos cómo acaban.

Y la Colau gimotea cuando le silban los suyos. Veremos quién llora el último y quién llora más.

Lo de los raperos, aun resultando menor, cabe medirlo en contenedores de basura quemados, mobiliario urbano vandalizado y hasta escaparates y tiendas saqueadas. Y la Colau gimotea cuando le silban los suyos. Veremos quién llora el último y quién llora más.

A Salvador Illa le cubre todavía un aforamiento del que Fernando Simón -el pobre Simón que reza la canción popular- carece. Como Tezanos, que tendrá que explicar en sede judicial su confusión entre datos y deseos, entre estadística predictiva y propaganda electoral para los suyos. Veremos cómo lo hace.

Y si el pollo venezolano pía más de uno se pondrá a temblar. Tanto o más que con los papeles de Manglano o los de Pandora.

No da tregua Cumbre Vieja, y a sus bramidos se unen ya -en caliente, muy caliente- las primeras quejas de imprevisión e impericia, las primeras muestras de desconfianza en las ayudas oficiales, los primeros avisos de científicos rechazando el disimulo inicial.

El proyecto de presupuestos de Sánchez, con más adorno innecesario, parafernalia buenista y fantasía social de la historia, raya la prevaricación administrativa

En estas circunstancias, el proyecto de presupuestos de Sánchez, con más adorno innecesario, parafernalia buenista y fantasía social de la historia -una suerte de cuento de la lechera- raya en la prevaricación administrativa absolutamente impune (mientras asistimos a peticiones penales desorbitadas de la fiscalía y acusaciones particulares a responsables de legislaciones anteriores). Legislar sobre vivienda a sabiendas de que las competencias para hacerlo efectivo son ajenas - autonomías y ayuntamientos-, es un acto de cinismo y frivolidad que trasciende su propia ineficiencia y pone en tela de juicio (nunca mejor dicho) los recursos humanos y materiales a disposición de un cometido inútil. Su contenido lo agrava por cuanto tiene de intervención en la libertad del propietario privado, encarnándose en prevaricación en el sentido bíblico, por omisión de la preceptiva constitucional. Y las formas lo desacreditan, hayan partido de uno u otro de los socios de desgobierno.

Las potenciales ayudas a jóvenes inquilinos y el capote -no taurino- del bono cultural para los que estrenen mayoría de edad y derecho a voto, son de opereta (melodramática que diría Almeida) además de imprecisas en contenido y forma de gestionarlas.

Y el optimismo patológico sustituye cualquier razonamiento creíble sobre las expectativas de crecimiento de ingresos, a juicio de los expertos. Pura fantasía y simple demagogia para cacarear impuestos a ricos y aumento de presión fiscal a empresas, que no hacen sino desmotivar la inversión.

Por tópico que resulte, el modelo bolivariano tan afín a la izquierda más radical como consentido por Sánchez, y el peronismo llevado al extremo por los Kichner con el que unos y otro se sienten bien cómodos, están en la base de este tipo de medidas. Intervencionismo y compra de voluntades. La receta más sencilla y contundente del Parabere del totalitarismo. Y la delincuencia de salón como uso socio-político admitido.