| 28 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Embajada: Confinados

Un mundo sin bares allanaría el camino a quienes, según los conspiranóicos, quieren crear un mundo de individuos asustados y sumisos.

| Fernando Ferrando Edición Valencia

Si no puedes tomarte una cerveza en un bar, para qué demonios vas salir de casa. Pues para trabajar, ir al colegio y hacer la compra. Por lo tanto, cerrar los bares en la práctica es un confinamiento domiciliario que solo se trasgrede para ir al trabajo, a clase y poco más.

Casi seguro que la medida será efectiva para frenar la curva de la pandemia. Pero no es justo que la solución a un mal de todos, la paguen unos pocos, los hosteleros. Está pandemia nos está demostrando que los bares son mucho más que un sitio para tomar algo, son una pieza clave en el engranaje de una sociedad. Son el punto de encuentro por excelencia. El lugar el homo sapiens, al menos los españoles, conformamos la tribu.

Estirando ese hilo podríamos llegar a afirmar que los bares son una pieza clave del sistema democrático, porque sin ellos la sociedad quedaría malherida y los individuos indefensos ante las oligarquías imperantes. Un mundo sin bares allanaría el camino a quienes, según los conspiranóicos, quieren crear un mundo de individuos asustados y sumisos que entregan sus vidas al Estado, como el perro la entrega a su amo.

Cerrar los bares puede que haya sido una medida acertada para el bien general a corto plazo. Pero la salvación de todos no puede a costa de la ruina de unos pocos. En este caso, de los hosteleros. Urge ayudar a ese colectivo y hacerlo con generosidad y diligencia. Las ayudas tienen que llegar rápido y sin que el Consell se recree en burocracias y exigencias que a veces son imposibles de cumplir.