09 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Manuel Castells.

Bestiario gubernamental. Manuel Castells

Ministro de cuota, la universidad pública española no tiene la culpa y no debiera estar pasando por esta vergüenza.

Toca Manuel Castells. Pese a los indubitables méritos de Tezanos para incorporarse a este bestiario con cartera de agitprop sin ministerio, ejerciendo tan denodadamente que el oráculo mediático de la izquierda, por boca de Kiko Llaneras, ha dedicado a su segundo sondeo imprevisto un cariñoso calificativo de soledad. Toca el ínclito Castells.

Y ha querido la casualidad -no sé si el inmenso Borges la llamaría esta vez coincidencia afortunada- que justo hace un año, empezando a volar un servidor en ESdiario, me ocupara del ministro concluyendo que es un “figura”.

No quisiera repetirme (tal vez el director tenga la bondad de incluir el enlace) y juego con la ventaja de que algunos lectores, amigos es sabido, me han ido escribiendo de forma sintética los rasgos principales.

Yo que soy una valenciano nacido en Burgos, nada tengo que objetar a un catalán albaceteño, faltaría más. Pero un nacionalista, catalán o de otros modos, natural de donde fuera, es una quiebra de la razón, y por ende de la inteligencia.

Su sermón apocalíptico sobre el fin del mundo resultara una simple extravagancia de tertulia de club inglés

Antes de ponerme más irónico, permítanme que les comparta que tras quince años de preparación con el esfuerzo de mis padres, he dedicado otros cuarenta y cinco a pelear contra la ignorancia y estimular el conocimiento. Mientras, me ha gustado aprender en la calle lo que vale un peine. Y así lo he podido contar también en mis clases en la Escuela de Arquitectura de Valencia. De manera que escribo como damnificado directo, como funcionario, que he sido, de “su” ministerio.

El de “los bolsillos cosidos”, apreciaba con gracejo un buen amigo andaluz, sin nada que objetar a su buena fortuna -el más rico del bestiario- ni a sus habilidades pecuniarias, sino a la flagrante contradicción de este “podemita viejo” en opinión de un tercero, con el ideario de su ambigua militancia, tan agitado por sus activos portavoces (y renuncio a hacer la broma del juego de vocales). Con ese cinismo institucional -otra constante en el bestiario- del “haced lo que digo, no lo que hago”.

Ministro de cuota, todos lo son en este conjunto, pudiera ser el alambicado resultado del laboratorio Colau-Iceta, pero la universidad pública española no tiene la culpa y no debiera estar pasando por esta vergüenza.

Lo mejor que se podría decir de él es que “se la refanfinfla” -meninfot le llamaríamos aquí- a la vista de su escasa presencia y sus meteduras de pata. Lo del fusilamiento franquista de Clarín, por más que se haya dicho, solo lo puedo entender como el producto de una mente vacía y obtusa. Y es lo que más me preocupa.

Porque esa mente vaciada -o quizás atascada- es el denominador común de su decidida política de olvido de la excelencia, de erradicación del esfuerzo, de diversificación de la enseñanza por territorios, de menosprecio del español, de absorción de culturas y lenguas, de invasión de competencias nacionales, de abono de diferencias y abandono, por cierto, del profesor asociado.

Y todo con el mantra podemita de los escudos sociales y los neologismos de rigor. (No me consta que el tan uso ahora “vacunódromo” que debe ser, curiosamente, una competición de vacunas corriendo en la que se admiten apuestas y es optativo llevar sombrero, provenga de la factoría Moncloa).

No se ha metido con Díaz Ayuso, cosa rara, cuando en septiembre opinaba contundente que no faltan médicos en España

Cabe recordar su coherencia al haber reivindicado antes la innecesariedad del Ministerio que ostenta, o su descaro exhibiendo la cartera vacía -a imagen de su mollera- tras la toma de posesión. Quizás su sermón apocalíptico sobre el fin del mundo resultara una simple extravagancia de tertulia de club inglés, sólo para hombres y al calor de un buen blended. Es la izquierda caviar, que no la ha inventado Vox, sino el Bocaccio de la Barcelona de los ochenta.

 

Un año más tarde voy a cambiar de calificativo porque este ministro, sin desmerecer su amplia trayectoria y su reconocido prestigio como investigador y académico, es un “despropósito” político y una amenaza -probablemente intencionada- para la universidad pública española y su futuro.

Con Díaz Ayuso no se ha metido, cosa rara, desde septiembre cuando opinaba contundente que no faltan médicos en España para llevarle la contraria por la buenas. Tal vez en estos doce días -ya nueve- que ha limosneado Gabilondo, salga vagamente a la palestra. Dios nos ampare en tal caso.