| 01 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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No en todas las sonrisas habita la felicidad

La ilusión por ver a delfines desgraciadamente se convierte en su sentencia a cadena perpetua. En España viven confinados en peceras un centenar de cetáceos. La mayor jaula de Europa

| Raquel Aguilar * Edición Valencia

Esta semana se ha podido avistar una colonia de delfines en la marina de Valencia.

Los vídeos han circulado por las redes sociales como la pólvora y es que nadie se resistía a difundir un espectáculo tan maravilloso como el de ver nadar a estos mamíferos marinos, agrupados, emergiendo y sumergiéndose de nuevo en el agua a toda velocidad, con sus característicos movimientos en forma de bucle.

Sin embargo, esa ilusión por ver a estos inteligentes animales desgraciadamente se convierte en su sentencia a cadena perpetua.

En nuestro país viven confinados en peceras un centenar de cetáceos, hecho que nos confiere encabezar el vergonzoso ranking de ser la mayor jaula de delfines de Europa.

Mientras esto ocurre, países como Francia comienzan a trazar el cierre de sus acuarios, pues cada vez son más los científicos que denuncian la crueldad que encierran estas instalaciones.

Igual que ocurre con los zoológicos, las empresas que mantienen cautivos a estos animales, tratan de vendernos que lo hacen para conservarlos y con finalidad didáctica, pero si de verdad fuese ese el objetivo, además de no mantener cautivos animales que no están en peligro de desaparición, no convertirían estos lugares en centros de negocio y en su lugar, del mismo modo que las organizaciones que de verdad trabajan para proteger a los animales, primarían garantizar su bienestar y no les obligarían a estar encerrados en minúsculos recintos donde su movilidad se limita de forma extraordinaria, sobre todo si tenemos en cuenta que cuando se encuentran en libertad, recorren al día decenas de kilómetros (llegando algunas especies a superar los 150 kilómetros diarios).

Estas limitaciones tienen graves consecuencias en su integridad física y mental.

Además de privarles del ejercicio diario que necesitan, los delfines, orcas y resto de animales suelen presentar lesiones producidas por golpes contra elementos de las instalaciones e incluso debido a peleas entre ellos, como resultado del estrés crónico al que se hallan sometidos.

Este estrés se expresa con constantes vueltas perimetrales a los recintos en que se encuentran enclaustrados, mantenerse inmóviles durante largos períodos de tiempo en la superficie de las peceras, o incluso emitir vocalizaciones.

Y claro, para controlar este estado de angustia continuada, es necesario medicarles frecuentemente Según indican algunos expertos, entre estos medicamentos se encuentran, como no podía ser de otro modo, los tranquilizantes.

Por seguir contando las miserias de la vida en cautividad, estos animales son en numerosas ocasiones secuestrados del mar, separados de sus iguales, pese a que forman fuertes lazos familiares y relaciones sociales muy complejas y utilizados como mera mercancía, sin importar sus propios intereses. Únicamente cuenta el negocio que con ellos se puede hacer. A esto hay que sumar a todos los animales que mueren en estas operaciones de captura.

Por eso, es importante que antes de decidir visitar cualquier acuario, delfinario, oceanográfico o similar, pensemos que esas aparentes sonrisas que la mandíbula de los delfines dibujan, no expresan para nada felicidad.

Que cuando visitamos estas peceras, lo que vamos a ver son seres infelices, que seguramente están drogados para camuflar su desesperación y a los que se obliga a realizar piruetas y ejercicios totalmente antinaturales.

Que en momentos como estos, más que nunca, somos conscientes que la libertad y poder estar con quienes queremos es un tesoro y sin embargo, ellos están condenamos a malvivir en su ausencia.

Que existen otras formas de acceder a disfrutar de estos animales y conocer como son de verdad, cuando son dueños de sus propias vidas.

Que si pese a todo decidimos anteponer nuestro egoísmo, visitar estos lugares y financiar estas actividades con nuestras entradas, no olvidemos que somos tan cómplices de su infelicidad como quienes los raptan y los mantienen condenados a cadena perpetua.

Recuerda que no en todas las sonrisas habita la felicidad y no formes parte de este cruel negocio.

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia