| 28 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Alberto Nuñez Feijóo durante el congreso del PP celebrado la semana pasada en Sevilla que le eligió presidente del partido.
Alberto Nuñez Feijóo durante el congreso del PP celebrado la semana pasada en Sevilla que le eligió presidente del partido.

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La solución a la crisis del PP llegará más tarde como fruto de ese cambio de liderazgo, que no necesariamente de dirección.

| José María Lozano Edición Valencia

Me retan algunos amigos a que me moje con la solución de la crisis del Partido Popular, o al menos con el resultado de la misma. Lo hago con la seguridad, como es habitual en estos casos, de que dejaré igualmente descontentos a unos y otros, que nunca supe si era piropo o reproche en las crónicas taurinas de José Antonio del Moral. He esperado y leído, si no todas, la mayoría de las reseñas, sesudas opiniones y valoraciones críticas. Incluidas las de palmeros, tan frecuentes y tan aparentemente satisfactorias como nocivas a la fin. Y las reacciones políticas, del Gobierno, el resto de partidos u otras vertidas a título personal. Sobreactuadas en general, nada nuevo en cada uno de ellos siguiendo su guión. Y escribo tras conocer también los resultados del sondeo demoscópico de GAD3 para ABC que, personalmente, no me sorprenden sino que, si me lo permiten, vienen a corroborar mis propias percepciones.

Porque el resultado de la crisis del PP, por burdo que pudiera parecer, es la sustitución del liderazgo de Pablo Casado por Alberto Núñez Feijóo. La solución llegará más tarde como fruto de ese cambio de liderazgo, que no necesariamente de dirección. Confieso haber errado en mis previsiones cuando meses atrás todavía confiaba en una presidencia popular en las próximas elecciones. Y en la necesidad del futuro presidente de rodearse de escogidos expertos en la mesa de un consejo de medida dimensión. Duro es reconocer que pese a la unánime simpatía suscitada, la demostrada incapacidad para hacerlo en la oposición y en el gobierno de su propio partido, ha sido una prueba, tal vez cruel, que Casado no supo superar. Un signo de debilidad para la oposición -que le añorará en breve- y de desconcierto para los suyos, que acabó frustrando definitivamente su legítimo anhelo.

A esta etapa ya agotada del falso desarrollo de la política de Sánchez, sólo puede seguir una política de rigor presupuestario y economía de medios

Feijóo -a él mismo al parecer no le molesta la reducción patronímica- suma a lo que sabe muy bien y ha practicado siempre, elegir sus colaboradores entre los mejores, su capacidad de escucharlos y valorar con ellos mismos la mejor solución (que no siempre es la óptima). Parco en gestos y en exageraciones, rara vez deja las cosas a medias, más allá de la ancestral forma de hacerlo que el costumbrismo español atribuye a los gallegos. Fue efectivo en la administración central y resolutivo con éxito en su política autonómica (todavía lo es). No pinta víctima de los enredos de Sánchez.

Nadie deberá ofenderse porque yo comparta el recuerdo de los ministros López (Bravo, Letona, Rodó) de aquella etapa tardofranquista de la tecnocracia que empezó a poner freno al desarrollismo de etapas anteriores y configuró una antesala propicia -consentida o no- a la bendita transición. Con independencia de otros legítimos intereses que pudieran unir a sus protagonistas, una probada experiencia, el rigor, la honestidad y la determinación en su puesta en práctica caracterizaron su política.

Ya gritan los atemorizadores profesionales de algunos medios. No ahorrarán munición.

Tengo para mí que sabrá muy bien Feijóo elegir sus compañeros de viaje. Siempre lo ha hecho. Y si me permiten el símil, a esta etapa ya agotada del falso desarrollo de la política de Sánchez, sólo puede seguir una política de rigor presupuestario y economía de medios, que pasa por oír con atención a los expertos (con nombre y apellidos mejor, por cierto). Como no creo que se deje acomplejar por terceros, ni con respecto a Vox o al pasado, aun cuando determinados aspectos de su política lingüística o de cierta permisividad con el nacionalismo son críticos en los sectores más conservadores.

Se ha puesto en marcha el aparato de agitprop de la izquierda que siempre es indicio de preocupación en sus filas. Ya gritan los atemorizadores profesionales de algunos medios. No ahorrarán munición. Pero en eso llega el nuevo presidente del PP ya más que curtido con lo oído en el Parlamento Gallego durante cuatro mayorías absolutas. Así que creo que Feijóo será también la solución definitiva de la crisis del PP. Y tal vez de España.