| 11 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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La educadora Pilu Hernández Dopico
La educadora Pilu Hernández Dopico

El ejemplo tiene más fuerza que las reglas

La rigidez de una educación basada en normas sin ejemplos crea personas con falta de juicio crítico, con incapacidad para actuar y pensar por sí mismos, y baja autoestoestima.

Recordáis el famoso anuncio de Ikea con la canción tan pegadiza de: “esto no se toca, mira, con esto no se juega, dame, quita los pies de la mesa, en el salón no se come…”. Tuvo tantísimo éxito por dos motivos: uno, por hacer ver que muchas familias son muy estrictas con los niños y, dos, por ridiculizarlo.

Como educadora para familias estoy completamente de acuerdo con la intención final de la marca sueca; ridiculizar a quien solo impone normas sin gastar un minuto de su tiempo en lograr que los menores aprendan a base de la observación de su buen comportamiento; oiga, si usted pone los pies en la mesa, por qué el niño no los va a poner.

A los adultos nos molestan en muchas ocasiones las normas de la sociedad, como puede ser un trámite burocrático, pero estamos encantados con otras, que nos dan seguridad. Los adultos las entendemos y seguimos porque sabemos la dificultad de la convivencia en comunidad. El mundo de los menores es distinto: ellos deben tener en su casa la libertad de descubrir y aprender y no sentir imposiciones.

"No hagas esto"

Entiendo que es mucho más rápido decir: “No hagas esto”, que explicar y mostrar cómo deben hacerse las cosas; pero lo cierto es que, si perdemos tiempo una sola vez, no tendremos que repetirlo en el futuro. Y tampoco estoy diciendo que haya que hacerlo todo bien con los menores todos los días, sé perfectamente que hay días que estamos más cansados o tenemos más estrés, por eso es algo que hay que trabajar paulatinamente para que se convierta en rutina. ¿Por qué digo todo esto? ¿Cuál es la verdadera importancia?

Pues que la rigidez de una educación basada en normas sin ejemplos crea personas con falta de juicio crítico, con incapacidad para actuar y pensar por sí mismos, sin habilidades analíticas y con baja autoestima; y la sociedad exige lo contrario a nuestros menores: un entorno digital complejo y cambiante, requiere de mentes abiertas y que se adapten con rapidez a los cambios, requiere de personas que tengan la autoestima alta para caer y levantarse, y tengan la capacidad de analizar el entorno para dar con respuestas adecuadas a sus propios problemas.

Si encorsetamos el aprendizaje de nuestros menores a unas cuentas normas que han de cumplirse
bajo pena de castigo, estaremos empobreciéndolos en todos los sentidos.

Por ello, insto a todas las personas que se involucran en la educación del menor a ayudarle a
expandir su mente a través del ejemplo, a través de nuestro comportamiento diario y a través de la
explicación.